—Doctora, le dejamos dos clones de seguridad y un robot. Uno nunca sabe —le dijo Lucía—. El emisario Kinki está enterado.
La doctora asintió.
Se quedó mirando el estanque de los Punps.
—Ahí está el antídoto y la perdición —dijo la doctora pensativa.
Marcos la observaba atento.
—¿Qué descubrió, doc?
—Si el bebé Punps tiene justo las sustancias y compuestos de la cura, pero también lo que alimentaría al parásito, quiere decir que hacen varias cosas a la vez. ¿Ves que el bebé tiene una sangre diferente al resto? Por ahí navega el antídoto.
—Por eso no lo trajeron. No es bebé de nadie, pero es un peligro.
—En la nave nodriza se van a llevar una sorpresa —comentó la doctora.
Los agentes de laboratorio se quedaron callados.
—Bueno, empecemos —dijo la doctora.
Todos se fueron a trabajar. La esperanza estaba en que el asunto quedara arreglado. Ahora solo faltaba que llegaran primero a destruir la nave nodriza.
—Doctora, ¿qué hay en la nave nodriza, al final?
—Un monstruo extraterrestre.
—¿Uno? ¿Qué hacemos? ¿Qué quiere?
—Lo crearon los Punps, pero empezó a hacer de las suyas solo.
—¿Cómo sabe eso?
—Me lo contó el emisario Kinki y el propio prisionero Punps.
—Fua, doc —dijo Marcos—. Se las re sabe todas, en verdad.
—Está preocupada.
—Sí. Kinki me dijo que no estuviera preocupada, pero me preocupa. Debe ser uno enorme. Que ocupe media nave, seguro.
Lucía, en la nave, había alcanzado la velocidad necesaria para llegar junto a la otra nave de clones.
Mario la avistó desde el monitor y la llamó para ver si se escuchaba.
—Atención —dijo en idioma ARTHIANO—. Estamos frente a la nave nodriza. Vamos a rodearla.
Las dos naves rodearon la nave nodriza y esperaron.
Entonces vieron al gran GHASH.
El monstruo que habían creado los Punps con sangre Kinki y de otras especies era una especie de híbrido clonado, pero sin serlo. Era enorme y tenía varios ojos.
Mario abrió la escotilla de la nave con el traje espacial. Salió despacio, en lo que muchos llaman un paseo espacial, y se ancló a la nave Punps.
Sobre una de las paredes se vio la forma del monstruo extraterrestre. Un ojo enorme miró por la ventana.
Mario divisó cuánto ocupaba la criatura dentro de la nave.
Metió un elemento electrónico y bloqueó la puerta de la nave.
—¡GHASH, sos criminal de guerra! ¡Estoy autorizado a matarte! ¡No llegarás a ARTHIAX vivo!
La criatura era tan inmensa que apenas se movía. Movió un brazo viscoso para pegarle a Mario.
Cuando quiso darse cuenta, la criatura se achicó a tal punto que quedó midiendo tres metros y un tanto de ancho.
La criatura rio.
—Mandaron al mejor a su tumba —dijo.
Mario no se inmutó.
—Mandaron al mejor para destruirte —dijo una voz.
Mario, de reojo, vio a Lucía.
Otros clones rodeaban la nave.
—Vaya, no estoy solo —dijo distraídamente Mario.
La criatura fue atacada con tanta violencia que sus fluidos rebotaron por toda la nave.
—Debo hacer una cosa antes —dijo Mario.
Con cautela y sigilo, cruzó la nave.
Había una especie de pileta con tres clones ARTHIANOS y muchas amebas Punps.
En otra pileta había parásitos.
Mario gritó:
—¡Hay que volar la nave ya!
Y cuando estaba por salir, un parásito lo alcanzó.
Lucía le disparó.
—¡Con Mario no te metas, bicho podrido!
Cerraron la escotilla y volaron la nave.
Volvieron victoriosos a la atmósfera terrestre.