HELENE
Eran momentos de duda cuando te engendre.
Sumido en una lucha entre el odio y el amor,
viviendo en un mar de angustia y rencor, hice sufrir a tu madre.
En momentos en que el amor escondía, llegaste.
Comencé a amarte desde que en el vientre estabas,
pero una explosión de amor me arropo,
cuando naciste y te vi con tu blanca piel y tu cabecita pelona,
tus finos labios, extremidades largas y apariencia fragil.
Sentada a mi lado, mientras yo estudiaba, con tus ojitos brillantes,
jugabas a leer y a estudiar, emulandome.
Tal vez por ello, cinco años tenías, cuando a leer aprendiste,
mi pequeña Helene, "mi surrapita."
Aunque el tiempo pase y la vida nos separe,
en mi corazón llevas un lugar que nadie comparte,
sigues siendo mi niña, en tus ojos veo el cielo,
eres mi “surrapita”, así siempre sera hasta el día en que muero.
Siendo tu una púber, del hogar me marche, dejándote con el corazón roto,
amándote en la distancia y por ti preocupado,
al ver como te perdias entre sentimientos e ideas confusas. Todo por mi culpa.
En tormentas, algunas veces nuestras almas han chocado,
en tu pubertad y como adulta; en tiempos oscuros, provocando palabras que hirieron.
Pero todo ha sido ira del momento, viles palabras que el viento se ha llevado.
A pesar de la oscuridad, siempre te he amado y amare.
Aunque el tiempo ha pasado y madre eres,
sigues siendo mi "surrapita" querida en mi mente.
Eres frágil y fuerte, una mezcla divina,
en momentos difíciles, tu esencia ilumina,
mi amor por ti es especial, nunca se ha perdido,
en cada latido, Helene, siempre serás "mi surrapita."
Aunque el tiempo pase y la vida nos separe,
en mi corazón llevas un lugar que nadie comparte,
sigues siendo mi niña, en tus ojos veo el cielo,
eres mi “surrapita”, así siempre sera hasta el día en que muero.
San Francisco, 2026.
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