¡Qué buen material! No sé si matarme o escribir sobre eso.
¡Oh, tan gran material! No sabré si ahorcarme o sacar un libro de esto.
La reina insuficiente no deja de sorprenderme, me subordina el corazón pues no deja de maltratarme.
¡Qué herida!
Querida, déjame tocar tus palmas y mancharlas con poesía.
¡Es la herida querida! ¡Me duele el dedo, el dedo, el dedo en la llaga!
Una alarida que solloza y se lamenta, que no deja confusión alguna, sino que expresa bien el sonido del dolor, del alma sin color, del frío y del amor.
¡Sal, sal vieja amargada, y déjame poner flores sobre tus líneas esbeltas!
Estoy tocando tu puerta; el sonido y el ritmo aumentan. No hay nadie en el interior, solo una figura somnolienta. ¡Knock! ¡Knock! ¡Despierta!
Sal, sal, pequeña cohibida; te enseñaré a caminar sobre la cuerda floja. Déjame tocar tus paredes y marcar mis manos en ellas.
Déjame escribir en ti una linda historia, buscar una sonrisa dentro de un pasado triste y arrancar aquellas páginas que hacen daño a tu corazón.
¡Mi refugio! ¡Mi bello refugio! Tanto que te he escrito, pero... ¿qué sabes de eso?
— Jorge Guzmán