Hay algo extraño en haber conocido tanto a una persona que ahora tenés que conformarte con imaginar cómo está.
Yo sabia tantas cosas de ti que nadie consideraría importantes. Sabía cómo cambiaba tu voz cuando estabas cansado y cómo podías hablar durante horas de algo que te gustaba.
Y ahora no sé nada.
No sé cuál es tu canción favorita últimamente, qué cosas te preocupan antes de dormir ni quién recibe esos mensajes que antes me mandabas a mí.
Es raro. Una vez fui parte de tus días y ahora tengo que aceptar que hay días enteros de tu vida en los que ni siquiera aparezco en tus pensamientos.
Hablo de las costumbres que adquirí sin darme cuenta, de las canciones que ahora tienen otro significado, de las veces que algo me parece gracioso y durante un segundo pienso en contártelo.
De todas las versiones de mí que conociste y que ya no existen exactamente de la misma manera.
Me pregunto si vos también vas a encontrar algún día a alguien que te conozca tanto como yo creí conocerte. Si vas a contarle las cosas que me contabas a mí. Si va a descubrir esos detalles tuyos que yo fui aprendiendo de a poco, sin saber que un día tendría que acostumbrarme a no verlos más.
Fuimos alguien antes de ser extraños.
Y aunque ahora no sepa nada de vos, hay algo que no puedo cambiar: hubo un tiempo en el que nuestras vidas coincidieron, en el que conocí cosas tuyas que el resto del mundo quizá nunca llegó a ver.
No sé cuánto tiempo voy a seguir acordándome. Pero espero que, si alguna vez vos también lo hacés, no recuerdes solamente cómo terminó.
Espero que alguna vez te acuerdes de cómo empezó.
De cuando éramos simplemente vos y yo, sin saber que algún día esas dos palabras iban a doler tanto.