Un espacio vacío, lleno de incertidumbre.
Sobre un camino oblicuo, sin llegada.
Un corazón roto en el umbral del amanecer.
Renace entre flores negras su ser.
Miradas inconexas juran ser entendidas.
Vínculos desesperanzados prometen toda la vida.
Amistades desinteresadas siguen sin rumbo.
Hermanos se vuelven desconocidos
y un padre, el enemigo.
La lucha interna amenaza con apagar sus días.
La nostalgia la hunde en sus hermosas nubes,
mientras escapa de la desdicha de la felicidad.
Si tan solo su Dios se acordara de ella,
podría salir a bailar.
Olvidada entre los sentimientos,
sin chispa ni amores,
decide mecerse en la hermosa y oscura presencia de la soledad.
Esperando la última brisa,
ensordecida por el ruido del mar.
Sus ojos negros acompañan el ocaso
y, por fin, su sonrisa puede volar.