Aquellos fantasmas que puedo sentir, pero no puedo ver; esos fantasmas solamente me confunden. Hacen creer que me quieren, pero no demuestran lo que dicen; hacen creer un apego, pero su silencio me tortura. Me tortura tanto, que realmente me confunden.
Cuando hacen que crea en ellas, hacen sentirme especial, pero todo es mentira. Son como fantasmas que puedo sentir pero que no puedo ver; son expresiones y sentimientos que se sienten, pero actitudes que no demuestran.
Como aquel que sé que existe, pero que no puedo ver; son como el amor que puedo ver, pero no puedo sentir. Solamente me confunden y, mientras tanto, me atormentan. Me hacen y hacen, solo hacen, pero sus hechos son absolutamente nada.
Algunas vuelven, solo quieren hacerme daño; me siguen atormentando en mis recuerdos, en mi mente. Esos fantasmas atraviesan mi puerta, no necesitan tocar, solo están ahí, causando daño.
Esos ojos, ojos bipolares; fantasmas bipolares. Actitudes contrarias a sentimientos evidentes, regresos repentinos solo para seguir dañando lo que he fortalecido.
Una prueba divina; sabiendo de qué se trata, sé que la rechazaré. Es más importante Aquel: Aquel fue el que me salvó de los fantasmas, de las dañinas, sustancias no prohibidas, pero sí que causan daño.
Fantasmas hermosas, pero sin presencia, guiadas por el viento y no ancladas a la realidad. Perdidas entre los tornados; solo pocas resisten los climas tropicales, solo pocas son fuertes para resistir un viento fuerte. En las mareas, pocas nadan contra corriente; las demás, son causa perdida, no vale la pena regresar por ellas.
Fantasmas, fantasmas, fantasmas… ¿qué será de ellas cuando aterricen de su sueño largo? Bajen ahora, vean la realidad, contémplenla, y díganme si, siendo yo el fantasma, pueden sobrevivir ustedes a ella.
Ustedes están flotando, viviendo de sueños y apariencias. Pero yo soy realidad, soy concreto; sé lo que tengo y sé lo que doy. Si ustedes bajaran de su nube y vinieran a mi mundo real, no aguantarían. Porque la realidad no es bonita y fácil como sus fantasías, y ustedes no están hechas para resistir lo verdadero.
Lo verdadero lástima. Yo no puedo protegerlas; primero tendría que protegerme, siquiera para sobrevivir. Sobreviviente como yo, con pies en tierra y que no levita ni se deja guiar por el aire.
Entre los climas hay voces; voces que confunden a los fantasmas. Hay mejores que otros. Yo no busco mejor que yo, porque no tendría sentido. Los mejores merecen mejores, los peores solo peores. Superior e inferior; de otra manera, estaría hablando contra la pared.
Aunque cabe la posibilidad de que fantasmas inferiores y peores se junten —se ha visto—, pero no es común, ni lo será. Peor con peor, mejor con mejor; realidades distintas en un solo ambiente, pero no es esa la razón por la que actuar indiferente.
Ustedes son hermosas pero frágiles, son sentimientos pero no son hechos. Viven en un sueño y yo vivo en la guerra de la realidad. Yo no puedo darles lo que piden porque eso es mentira, y yo no miento. Y si yo les doy mi realidad, ustedes no van a soportar el dolor de ser libres y verdaderos. Así que mejor sigan flotando, y yo me quedo en mi tierra, protegiendo lo que es mío.
Entiendo que somos diferentes, que somos polos opuestos. No es que sea malo ni bueno, es que no combinamos. Como agua y aceite. Así que déjame con lo mío, con lo que es igual a mí, con lo que es de Dios, y déjalas a ellas en su mundo. Porque forzar lo que no es, solo trae confusión y dolor.
— Jorge Guzmán