El último lamento
Somos de piedra que llora
nos erosiona la amargura
marchamos en el cauce del agua.
Guarda tus lamentos madre mía,
esconde tus canas de tristeza
Padre mió,
sus hijos ya no son suyos
ahora le pertenecen a la libertad,
pero siempre serán suyos
son sus entrañas y no los olvidarán.
Somos de lágrimas de piedra
no queremos vernos vulnerables,
la vida nos enseña a ser guerra y acero,
o simplemente esconder
lo que sentimos como cobardes.
El día que los huesos de mis padres
estén sepultados bajo el viento
mi corazón de piedra será estandarte,
de todo aquello que lamentamos
nunca haber dicho ni hecho.