El tiempo no cura.
Al menos no de la manera en que alguna vez me hicieron creer.
Porque pasan los meses, cambian las estaciones, conoces personas nuevas, vuelves a sonreír y empiezas a llenar tus días de otras cosas… pero hay heridas que no desaparecen simplemente porque haya pasado suficiente tiempo.
Lo que cambia eres tú.
Aprendes a caminar con aquello que un día pesó demasiado.
Al principio sentía que ese dolor iba a acompañarme para siempre. Había recuerdos que podían cambiarme el día en cuestión de segundos. Momentos que todavía tenían el poder de hacerme volver a un lugar del que llevaba mucho tiempo intentando salir.
Y yo quería olvidarlo todo.
Quería despertar un día y no sentir nada.
Ni nostalgia, ni tristeza, ni preguntas.
Pero entendí que sanar no siempre significa dejar de sentir.
A veces significa que aquello que antes te derrumbaba ahora solamente te recuerda que sobreviviste a una etapa difícil de tu vida.
El recuerdo sigue ahí, pero ya no pesa de la misma manera.
La herida sigue formando parte de tu historia, pero ya no decide hacia dónde vas.
Y eso también es sanar.
Aprender a vivir sin necesitar respuestas para cada pregunta.
Aceptar que algunas personas no regresarán.
Que algunas historias no tendrán el final que imaginaste.
Que hay cosas que nunca podrás cambiar, por mucho que vuelvas una y otra vez al pasado intentando descubrir dónde pudiste haberlo hecho diferente.
El tiempo no borra lo que vivimos.
Nos cambia la manera de llevarlo.
Un día te das cuenta de que puedes escuchar aquella canción sin querer regresar.
Puedes pasar por aquel lugar sin sentir que el mundo se detiene.
Puedes recordar a esa persona sin preguntarte qué estará haciendo.
Y puedes hablar de lo que pasó sin sentir que estás volviendo a vivirlo.
Entonces entiendes que quizá nunca se trató de olvidar.
Se trataba de dejar de cargarlo como si todavía estuviera sucediendo.
Porque hay cosas que alguna vez pesaron tanto que pensé que no podría seguir caminando con ellas.
Y, sin darme cuenta, aprendí.
No dejé el pasado atrás porque dejara de importarme.
Lo dejé atrás porque entendí que también tenía derecho a seguir avanzando.
El tiempo no cura todas las heridas.
Pero te enseña a caminar con ellas hasta que un día descubres algo que antes parecía imposible:
que aquello que un día sentías demasiado pesado para cargar…
ahora forma parte de ti, pero ya no te impide seguir caminando.