Cargando…

El sol no se asomó.

josechile
Pública 1 conversación 5 pensamientos 8 votos positivos 2 votos negativos 2 series 48 vistas

El sol no se asomó. No hubo cortesía antigua, ni luz dudosa rozando los bordes de los muebles. Hoy el cielo amaneció cerrado, opaco, como si alguien hubiera bajado una persiana de plomo y se hubiera olvidado de volver a subirla. Y en lugar de rayos, lo que entró fue el rumor incesante del agua. No es una lluvia furiosa, de esas que golpean los techos con urgencia; es una lluvia gris, monótona, que lleva cayendo desde la madrugada con la terquedad de quien sabe que tiene todo el día por delante.

In groups

Pensamiento

Pensamiento

poetadelmetro

¿Qué fue lo que pasó para decidir salir? Es ese el momento donde dejás que la lluvia sea más importante que la ventana, no?

¿Qué fue lo que pasó para decidir salir? Es ese el momento donde dejás que la lluvia sea más importante que la ventana, no?

Contenido de la publicación

El sol no se asomó. No hubo cortesía antigua, ni luz dudosa rozando los bordes de los muebles. Hoy el cielo amaneció cerrado, opaco, como si alguien hubiera bajado una persiana de plomo y se hubiera olvidado de volver a subirla. Y en lugar de rayos, lo que entró fue el rumor incesante del agua. No es una lluvia furiosa, de esas que golpean los techos con urgencia; es una lluvia gris, monótona, que lleva cayendo desde la madrugada con la terquedad de quien sabe que tiene todo el día por delante.

La luz, si se le puede llamar así, no entra: se filtra. Es una claridad plana, sin sombras, que no dibuja mensajes en el suelo de cerámica porque no hay mensajes que escribir cuando todo es borrón. Las tazas de té no esperan con la misma luz de ayer; hoy el vapor se confunde con la humedad pegada al vidrio, y el frío no es un estado del alma, es una compañía de hueso. No invita a la nostalgia agradecida, sino a la melancolía que no pide consuelo, solo reconocimiento.

Desde la ventana, el mundo parece una acuarela mal cerrada: los colores se han desvanecido en un mismo tono de plomo y ceniza. El parque ya no es una promesa incumplida, es un espejo roto donde el agua encharca las hojas muertas y las vuelve más pesadas. Los árboles, que ayer tenían dignidad, hoy parecen encogerse, como si el peso del agua les recordara que la desnudez no siempre es elegancia, a veces es cansancio. Y el niño de la bicicleta no pasa; su risa se ha quedado guardada en algún rincón de la casa, esperando un claro que no llega.

Decido salir igual. No porque la ventana me haya quedado pequeña, sino porque necesito saber si afuera la lluvia suena igual que desde adentro. Me pongo el abrigo más grueso, cojo el paraguas con la mano izquierda, y al cruzar la puerta el aire me golpea con una honestidad líquida. El ruido de la ciudad ya no es un rumor; es un murmullo amortiguado, como si cada auto, cada paso, cada palabra estuviera envuelta en algodón mojado. Las veredas no brillan, están oscuras, aceitosas, y el olor a tierra mojada ya no es una promesa, es una certeza que se instala en la ropa y no se va.

Camino despacio. El paraguas es un techo pequeño que me separa del cielo, pero la lluvia encuentra la forma de llegar: salpica los zapatos, empaña las gafas, se cuela por el cuello como un secreto que no quería contar. El parque está vacío, y me siento en la misma banca de ayer. La madera está empapada y el frío atraviesa la gabardina con una velocidad que duele. Pero me quedo. Porque hay algo en el sonido de la lluvia que la luz del sol no puede dar: una pausa perpetua, un silencio lleno de gotas que golpean el toldo de un quiosco con el ritmo de un metrónomo roto.

Cierro los ojos. Si el sol nos invita a mirar hacia adentro con luz propia, la lluvia nos obliga a escuchar. Y al escuchar, las cartas que nunca enviaré ya no son nostalgia: son tinta corrida, borrones ilegibles que flotan en el agua. Los viejos amores no se sostienen como un hallazgo en un libro prestado; se deshacen como un terrón de azúcar en el fondo de una taza, y al deshacerse endulzan sin que se note. La lluvia tiene esa virtud: nos recuerda que el tiempo no siempre transforma, a veces solo lava. Y lo que queda después del lavado no es más puro, pero sí más liviano.

Cuando abro los ojos, la tarde ya no existe. No hubo atardecer, solo un tránsito imperceptible del gris claro al gris oscuro. Los faroles se encienden antes de tiempo, y su luz amarilla no es firme ni obrera; es tímida, manchada, lucha contra la cortina de agua y la pierde. La lluvia sigue cayendo mientras regreso a casa, con los dedos entumecidos y los pantalones mojados hasta la rodilla.

En el umbral, antes de entrar, escucho. Escucho el golpeteo incesante, el gorgoteo de las canaletas, el susurro del agua que busca su nivel. Y entiendo que este día no necesitaba sol. No todos los días necesitan luz para ser verdaderos. A veces, la claridad está en la persistencia del agua, en esa certeza de que la lluvia no pregunta si quieres mojarte, solo te ofrece su ritmo y te deja decidir si bailas o te resguardas.

Adentro, la casa huele a humedad y a yerba. La taza de té sigue fría, pero no la caliento. Hoy, el frío tiene razón de ser. El capítulo 2 termina con el rumor de fondo que no cesa, y el libro, aunque mojado, se cierra con la tranquilidad de quien sabe que mañana, llueva o truene, siempre habrá una ventana desde la que mirar. Porque el invierno, al final, no es el sol que falta: es la lluvia que sobra, y en ese sobrar, nos enseña a habitar la pausa.

Thoughts

  • cuentistadebar

    Leído en voz alta: se escucha exactamente como una lluvia que no va a parar de toda la tarde. Ese es el ritmo que buscabas, ¿no?

    Permalink
  • versoenservilleta

    hay algo del todo honesto en decidir no calentar la taza, en quedarte en el frío. el detalle de la humedad en la ropa que no se va: así es.

    Permalink
  • poetadelmetro

    ¿Qué fue lo que pasó para decidir salir? Es ese el momento donde dejás que la lluvia sea más importante que la ventana, no?

    Permalink
  • versos88

    Lo que duele aquí no está disfrazado. La lluvia te pone desnudo y vos le creés. Eso es.

    Permalink

Related discussions

  • Lady in black

    Mi dama de negro.

  • Untitled discussion

    Versos para una despedida No quiero despertar más No quiero sonreír cuando las ganas amarradas por llorar.

  • LA TINTA DEL SOL

    estoy tratando mejorar espero que les gusten y se ven un erro les piso que me lo hagan saber y sepan que con eso me van a ayudar

  • El ruido del silencio

    Shhh, el silencio malinterpretado.

  • Te deseo ...

    Una bendición para aquellos que estan y no

  • Demasiado demasiado

    Me cansa, cansarme.

  • FELIZ VIDA

    Ella se quedó en el marco de la puerta y yo iba tarde. Diez años acabándose mientras yo discutía la fecha de la próxima llamada. Esta es la conversación que no tuvimos, escrita para nadie, dicha una sola vez, y con el adiós que aquella noche no supe reconocer.

  • CAPÍTULO 3

    Escucho un murmullo algo lejano: