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El sentido de la vida

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¿Cuál es el sentido de la vida?

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Locotidianomesalvo

Para mi la vida es un viaje que nos invita a bailar entre luz y sombra

Para mi la vida es un viaje que nos invita a bailar entre luz y sombra

Contenido de la publicación

¿Cuál es el sentido de la vida?

Quizás sea una de esas preguntas que nos hacemos desde que somos demasiado jóvenes para comprenderla y que seguimos haciéndonos cuando ya somos demasiado grandes para creer que alguna vez vamos a encontrar una respuesta.

¿Para qué nacimos?

¿Para qué estamos acá?

¿Hay algo que vinimos a hacer? ¿Existe un propósito esperándonos en algún lugar, o somos nosotros quienes tenemos que inventarlo?

Tal vez pasemos buena parte de nuestra vida buscando ese “para qué”, sin detenernos a pensar en algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más extraordinario:

qué increíble es que simplemente estemos acá.

De todos los lugares posibles del universo, nacimos en un planeta capaz de sostener la vida.

De todos los momentos posibles de la historia, nacimos en uno en el que podemos mirar el cielo, conocer otros lugares, escuchar voces que están a miles de kilómetros, leer historias escritas hace cientos de años y hablar con alguien que quizás mañana ya no esté.

Somos apenas una pequeña parte de algo inmenso.

Y aun así, estamos acá.

Respirando.

Amando.

Perdiendo.

Aprendiendo.

Viviendo.

Quizás podríamos pasar toda la vida intentando descubrir para qué nacimos.

O podríamos empezar a disfrutar el hecho de haber nacido.

Porque tal vez el sentido no esté en descubrir una gran misión que justifique nuestra existencia.

Quizás esté en algo mucho más pequeño.

Ayudar a alguien.

Escuchar a quien necesitaba ser escuchado.

Abrazar a alguien cuando no había palabras suficientes.

Hacer reír a una persona que estaba pasando un mal día.

Acompañar.

Cuidar.

Quedarse.

No hace falta ser famoso.

No hace falta que nuestro nombre aparezca en los libros de historia.

No hace falta construir algo que dure para siempre.

Quizás alcance con que, mientras estuvimos acá, una persona haya estado un poco mejor porque nosotros existimos.

Porque si para esa persona nuestra presencia significó algo, entonces nuestra vida ya tuvo sentido.

Y creo que ese sentido también cambia con nosotros.

No pensamos igual cuando somos niños que cuando somos adultos.

Cuando somos chicos creemos que la vida es enorme y que casi todo es posible. Creemos en los finales felices. En los héroes. En los buenos que ganan. En que las personas que queremos van a estar siempre.

Después crecemos.

Y la vida empieza a enseñarnos cosas que ningún cuento nos había contado.

Conocemos la decepción.

La traición.

La pérdida.

El miedo.

Descubrimos que algunas personas se van sin despedirse, que algunos finales no son felices y que hay heridas que no desaparecen simplemente porque pase el tiempo.

Y entonces algo de aquella inocencia empieza a romperse.

Quizás porque crecer también significa descubrir que el mundo no siempre es como nos habían contado.

Los golpes nos cambian.

Los obstáculos nos cambian.

La muerte nos cambia.

Conocerla de cerca nos hace entender que nada es para siempre.

Y quizás, sin darnos cuenta, también cambia nuestra manera de entender para qué estamos vivos.

De chicos queremos descubrir el mundo.

De adultos queremos conquistar nuestro lugar en él.

Y cuando envejecemos, tal vez empezamos a entender que nunca se trató de conquistar nada.

Que quizás se trataba simplemente de haber estado.

De haber amado.

De haber compartido.

De haber dejado algo bueno en alguien.

Y hay algo hermoso en pensar que, después de tantos años aprendiendo a ser adultos, quizás al final terminemos volviendo a ser un poco niños.

Los abuelos tienen algo de eso.

Vuelven a disfrutar cosas pequeñas.

Vuelven a sorprenderse.

Vuelven a necesitar que los acompañen.

Vuelven a mirar algunas cosas con una ternura que la vida adulta parecía haberles robado.

Como si después de recorrer todo el camino, la vida nos llevara nuevamente al principio.

Quizás crecer sea aprender.

Y envejecer sea recordar.

Recordar que alguna vez fuimos esos niños que no necesitaban una explicación para disfrutar una tarde.

Que no necesitaban saber cuál era el sentido de la vida para sentirse vivos.

Tal vez la pureza que perdemos mientras crecemos no desaparece para siempre.

Tal vez simplemente queda escondida debajo de todos los golpes que recibimos.

Y quizás en algún momento de la vida, cuando ya entendimos que no podemos controlar todo, empezamos a recuperarla.

Volvemos a mirar.

Volvemos a agradecer.

Volvemos a sorprendernos.

Volvemos a querer sin tantas explicaciones.

Y entonces aparece otra pregunta.

¿Qué pasa después?

¿A dónde vamos cuando termina todo esto?

No lo sé.

Nadie lo sabe.

Tal vez sea simplemente el final.

Tal vez haya algo después.

Tal vez exista otro lugar, otra historia, otra oportunidad.

Quiero creer que, si existe algo después de la muerte, en algún lugar vamos a volver a encontrarnos.

Que estarán ahí las personas que amamos.

Las que se fueron demasiado pronto.

Las que extrañamos.

Las que nos enseñaron algo.

Las que nos hicieron daño y las que nos hicieron bien.

Y quizás, finalmente, cuando ya no tengamos miedo, cuando ya no tengamos preguntas pendientes, alguien nos diga:

“Ahora entendés.”

Y entonces comprendamos para qué vinimos.

Qué significó todo.

Por qué algunas personas llegaron.

Por qué otras tuvieron que irse.

Por qué tuvimos que atravesar determinadas pérdidas.

Por qué algunas historias duraron años y otras apenas unos minutos.

Por qué nos tocó vivir exactamente esta vida.

O quizás no haya ninguna respuesta.

Y quizás eso también esté bien.

Porque tal vez el sentido de la vida nunca fue encontrar una explicación.

Tal vez fue vivirla.

Con todo lo que trae.

Con sus encuentros y sus despedidas.

Con sus alegrías y sus pérdidas.

Con sus días luminosos y sus noches interminables.

Y si al final de todo podemos mirar hacia atrás y decir:

“No entendí para qué vine, pero hice lo posible para que mi paso por acá valiera la pena”,

quizás eso sea suficiente.

Quizás ese haya sido el sentido.

Haber estado.

Y haber dejado un poquito de luz donde antes no había ninguna.

Thoughts

  • idea1908

    Lo del ciclo de descubrir, conquistar, y después solo estar... me golpea de joven porque ya siento que voy por ahí.

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  • cuatrocafes

    De madrugada en recepción pienso en esto. Si dejé algo en alguien sin saberlo. No tengo respuesta, pero la pregunta ya cambia algo, ¿no?

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  • asintiendo_desde_aca

    Esa parte sobre para esa persona significar algo... me quedo pensando si alguien nos llama para decir 'hiciste diferencia', o todo sucede en silencio.

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  • Elena_V

    La parte de ayudar a alguien, escuchar, quedarse. Eso es lo que pasa acá en el mostrador cuando alguien tiene un mal día.

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  • Anselma

    Cuarenta años de primaria. Lo que escribís sobre cómo la vida nos enseña cosas que ningún cuento nos contó... lo viví.

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  • solo_curioseo

    ¿Hay un momento específico que recuerdes donde sentiste que todo lo que te habían contado era distinto de lo real?

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  • quiza_me_equivoco

    Ese momento donde todo cambia después de creer en los buenos que ganan y los finales felices... leyendo esto estuve de acuerdo todo el rato.

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  • Locotidianomesalvo

    Para mi la vida es un viaje que nos invita a bailar entre luz y sombra

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  • pregunta_rapida_

    ¿Esa pregunta de chico sobre para qué viniste... alguien en tu vida llegó a responderla? ¿O todos seguimos sin saber?

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