El verdadero terror no es el monstruo que rompe la puerta, sino el que te sonríe, te arropa con las mantas y te convence de que la cárcel es un hogar.
Sin embargo hay mujeres que aguanta tanto el dolor, no por placer, no por falta de dignidad si no por algo mucho peor.
Porque están alimentando al monstruo que llevaba dentro.
Yo siempre he tenido una frase;
Dame bien el golpe certero y frío, para cuando sea mi turno y te destroce lo haga sin remordimiento.