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El miedo a que nada quede

LapicerasNegras
Pensamiento

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Ovid

El patovica que se pierde la fiesta por vigilar que nadie rompa nada me suena a mucha gente, sobre todo en el trabajo, donde nadie dice que tiene miedo para no quedar mal. Apuesto a que más de uno se va a reconocer en esa imagen y en lo de quedar aunque n

El patovica que se pierde la fiesta por vigilar que nadie rompa nada me suena a mucha gente, sobre todo en el trabajo, donde nadie dice que tiene miedo para no quedar mal. Apuesto a que más de uno se va a reconocer en esa imagen y en lo de quedar aunque no intacto. Gracias por compartirlo, @LapicerasNegras!

Contenido de la publicación

​Ensayo de una tesis

Conozco gente que no tolera la mala onda. Lo dice como si fuera un principio moral. "Yo con gente negativa no me junto". "Hay que volar alto". "Fuera la mala onda".

​Siempre me pareció extraño. No porque la alegría sea mala, sino porque tanto esfuerzo por estar bien suena a miedo.

​No le tienen miedo a las personas tristes. Le tienen miedo a lo que esas personas les recuerda: que lo que hoy te hace feliz se puede terminar. Y que vos no podés hacer nada para evitarlo.

​Por eso aparece la frase hecha. La frase hecha es un chasco. Maquilla lo evidente. Si digo "todo es aprendizaje" no tengo que decir "tengo miedo de que esto no funcione". Si digo "hay que ser positivo" no tengo que decir "no sé qué hacer con esta incertidumbre que me está comiendo el alma".

​Nos mentimos con prolijidad. Nos ponemos una curita con brillitos arriba de una fractura y decimos "ya está, estoy bien". La ansiedad no viene de estar mal, viene de sostener la mentira de que estamos bien.

​Cuando termina un amor, un laburo, una casa, una etapa, lo que nos desespera no es quedarnos sin eso. Es la sospecha brutal de que después no queda nada. De que sin eso, nosotros no somos nada. Que se termina el vínculo y quedamos vacíos. Que se termina el proyecto y no sabemos quiénes somos a las tres de la tarde de un martes cualquiera.

​Es miedo existencial en estado puro. No es "voy a extrañar". Es "voy a desaparecer".

​Entonces entendés por qué necesitamos tanto control. Si todo está positivo, ordenado, con buena energía, parece que nada se va a terminar. Es pensamiento mágico. Si no nombro la muerte, no me muero. Si no dejo entrar gente triste, mi felicidad no se entera de que es frágil.

​El problema es que para que algo no se termine, tenemos que finiquitarlo antes nosotros.

​Lo dejamos quieto. Lo momificamos. No discutimos con nuestra pareja para no tener mala onda, y la pareja se vuelve una sala de espera. No decimos que tenemos miedos en el laburo para pasar como unos payasos de sonrisa permanente, y el laburo se vuelve un teatro. Nos volvemos vigilantes de nuestra propia felicidad. Y un patovica no disfruta de la fiesta, solo se la pasa mirando que nadie rompa nada.

​Al final, lo que queríamos proteger que dejara de ser, deja de ser porque lo dejamos de vivir.

​Quizás el asunto no sea evitar que las cosas terminen. Quizás el punto sea bancarse que terminan y que, aun así, algo queda. Vos quedás. No intacto, no igual, no siempre positivo. Pero quedás.

​Y eso alcanza para empezar de nuevo, sin frases hechas.

Lapiceras Negras

Thoughts

  • Ovid

    El patovica que se pierde la fiesta por vigilar que nadie rompa nada me suena a mucha gente, sobre todo en el trabajo, donde nadie dice que tiene miedo para no quedar mal. Apuesto a que más de uno se va a reconocer en esa imagen y en lo de quedar aunque no intacto. Gracias por compartirlo, @LapicerasNegras!

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  • escalaLarga

    La pareja que se vuelve una sala de espera me dio risa y después no tanta: ahí nadie pelea, todos miran la pantalla y esperan que alguien les avise cuándo se termina. Tal cual.

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