El ángel caído atado en la hoguera. Eso es tuyo y solo tuyo. El otro se fue y tú seguís ahí adentro consumiéndote en los sentimientos condenados. Eso es lo que veo, y es lo que duele verdad.
El infierno de tu partida
Traté, pero no pude olvidarte. Así que, decidí encontrarte en lo común de mis días pero, después de tantos años, todo es diferente. El aire ya no es el mismo. El suelo tampoco. Mucho menos el cielo…
Pensamiento
El ángel caído atado en la hoguera. Eso es tuyo y solo tuyo. El otro se fue y tú seguís ahí adentro consumiéndote en los sentimientos condenados. Eso es lo que veo, y es lo que duele verdad.
Contenido de la publicación
Traté, pero no pude olvidarte. Así que, decidí encontrarte en lo común de mis días pero, después de tantos años, todo es diferente. El aire ya no es el mismo. El suelo tampoco. Mucho menos el cielo que se posa sobre mi frente.
El aire, testigo de la pena que te consumió por años, ya no desea darme la vida, o tal vez, regresármela. Ya no desea llevarte mis palabras porque se saturó con tus suspiros de desamor. De pena. O tal vez, de angustia.
¿Y los míos?
¿Y mis suspiros?
¿Y mis lamentos por la distancia que separó las palmas de nuestras manos? El infierno los consumió. Porque mientras tus sentimientos fueron nobles, los míos estaban condenados a consumirse poco a poco, minuto tras minuto, en la hoguera en donde descansa atado el ángel caído.