Stand-up comedy para creadores de contenido, pecadores digitales y otros animales con Wi-Fi
Buenas noches.
¿Todo bien? ¿Todos influyendo?
Porque hoy en día nadie tiene una opinión. ¡Todo el mundo tiene influencia!
La diferencia entre influencia e influenza es que la influenza te la pega alguien y te enferma durante una semana.
La influencia te la pega un imbécil y te enferma durante toda la vida.
¡Y las dos se transmiten por vía aérea!
Pero hay algo maravilloso en el ser humano moderno: quieres influir en los demás, pero no aceptas influencias externas.
¡Tú quieres cambiar el mundo, pero no quieres que el mundo te cambie el peinado!
Quieres ser una mente libre… que piense exactamente lo mismo que sus treinta y siete influencers favoritos.
Tienes opiniones originales que compraste en oferta.
Y si alguien te contradice, no estás dispuesto a escuchar argumentos: ¡estás dispuesto a bloquear una amenaza a tu ecosistema!
¡Qué ecosistema ni qué hijueputas! ¡Eso es un zoológico con contraseña!
1. DIOS, EL PRIMER CREADOR DE CONTENIDO
Ahora todo el mundo es creador.
Haces un video de quince segundos, le pones música triste, una frase de Nietzsche que encontraste en Pinterest y…
¡Felicidades! ¡Has creado!
¿Creado qué, cabrón?
¡Has puesto tres cosas juntas!
Eso se llama componer.
Los compositores no crean música: componen música. La organizan. La arreglan. La trabajan.
Componer es arreglar las cosas.
Crear de la nada es otra cosa.
Y eso de crear de la nada es una blasfemia bastante arrogante. ¡Ni siquiera sabemos qué había antes de que hubiera algo y ya tenemos un muchacho con un iPhone diciéndonos que es creador!
¡Tranquilo, Miguel Ángel de TikTok!
Dios creó el universo y nosotros llevamos seis mil años discutiendo si lo hizo en seis días o si necesitó una semana porque el domingo estaba cansado.
Y ahora llegas tú, grabas un reel en el baño y…
¡MATAS A DIOS DOS VECES!
Una cuando dices «yo soy creador».
Y otra cuando publicas el resultado.
Porque Dios puede perdonar muchas cosas, pero hay filtros de Instagram que ni el Espíritu Santo está dispuesto a procesar.
Y lo peor es que no necesitas talento. Necesitas iluminación.
¡Pero iluminación de aro!
La luz divina ya no baja del cielo. Se compra por treinta dólares con trípode incluido.
2. LO BONITO ES COMESTIBLE
Todos quieren que los demás vean lo bonito que son.
La piel, los labios, el abdomen, la vida perfecta, el desayuno con aguacate…
¡Qué maravilla!
Pero nadie se pregunta cómo interpreta la belleza otra especie.
Porque tú ves una persona hermosa y piensas: «¡Qué belleza!».
Un caníbal ve una persona hermosa y piensa: «¡Qué presentación!».
¡Para el caníbal, lo bonito es comestible!
Tú estás mostrando tu mejor perfil y el tipo está pensando en una receta.
«Tiene buena simetría facial. Un poquito de romero, vino tinto y lo dejamos reposar».
¡No todo el mundo que te mira te admira!
Hay miradas que son críticas de arte y hay miradas que están calculando el tiempo de cocción.
Y tú, mientras tanto, subiendo otra foto:
«Amándome tal como soy».
¡Pues ámate con discreción, carajo! ¡No sabes quién está haciendo la lista del mercado!
3. QUIERES QUE TE VEAN, PERO NO VES A NADIE
Esta es mi favorita.
Quieres que todo el mundo vea tus videos.
Pero tú no vas al cine.
Quieres que lean tus textos.
Pero no lees ni las condiciones de uso de la aplicación que te está robando el alma.
Quieres que escuchen tu música.
Pero no escuchas música: escuchas treinta segundos y saltas a la siguiente canción porque tienes la capacidad de atención de una mosca con problemas de adicción.
Quieres que te den like.
¿Pero tú le das like a alguien?
¡Ni a tu abuelita!
Tu abuela publicó una foto con su gato, escribió «Dios los bendiga» y tiene dos reproducciones: una tuya accidental y otra del gato porque se sentó sobre el teléfono.
¡Tu abuela te cambió los pañales, hijo de puta!
¡Y tú no puedes cambiarle el algoritmo!
Quieres que te descubran, pero no descubres a nadie.
Quieres una comunidad, pero no quieres vecinos.
Quieres millones de seguidores, pero si tres personas te escriben al mismo tiempo, activas el modo avión.
¡No quieres una audiencia! ¡Quieres un aplauso automático!
Un público que no hable, no opine, no cuestione y, sobre todo, no tenga la indecencia de publicar algo mejor que tú.
4. LOS BEATLES Y EL NEGOCIO DEL DESMAYO
Hay una leyenda muy extendida sobre los Beatles y sus fans: que hubo muchachas contratadas para provocar desmayos y alimentar la histeria colectiva.
La historia se cuenta de distintas maneras, aunque eso de las agencias de modelos y actrices contratadas para desmayarse no lo daría por hecho sin pruebas.
Pero imagínate que fuera verdad.
¡Qué genialidad empresarial!
Antes contratabas músicos para tocar.
Ahora contratas público para reaccionar al público que contrataste para reaccionar.
¡Eso no es un concierto! ¡Es una reunión de accionistas del entusiasmo!
Y hemos llegado a un punto en que ya no necesitas que la gente disfrute lo que haces.
Necesitas que parezca que lo disfruta.
¡La emoción se volvió una producción audiovisual!
Contratas a alguien para que llore, a otro para que se sorprenda y a un tercero para que grite: «¡NO ME LO PUEDO CREER!».
Y el tercero ni siquiera sabe qué está pasando.
¡Como el público de una conferencia de marketing!
Lo importante no es que algo sea extraordinario.
Lo importante es que haya alguien haciendo una cara extraordinaria mientras ocurre algo perfectamente ordinario.
Un hombre abre una botella de agua.
¡OOOOOOH!
¡Eso, hermano! ¡Eso es contenido!
5. EL ALGORITMO ES TU PATRÓN Y TÚ ERES SU EMPLEADO DEL MES
Odiamos el algoritmo.
«El algoritmo me oculta».
«El algoritmo me censura».
«El algoritmo no entiende mi arte».
¡Pues deja de trabajar para él, imbécil!
Ah, no puedes.
Porque necesitas que te vea.
Así que te levantas por la mañana, haces café y preguntas:
«¿Qué quiere el algoritmo de mí?».
¡Lo mismo que quería el feudalismo de tu bisabuelo!
¡Tu tiempo, tu trabajo y la totalidad de tu miserable existencia!
Pero con mejores gráficos.
El algoritmo es un emperador imperialista.
No conquista territorios: conquista minutos.
No te cobra impuestos: te cobra atención.
No necesita soldados: tiene notificaciones.
Y tú trabajas gratis para él.
Grabación, edición, subtítulos, miniatura, hashtags, descripción, publicación…
Después actualizas las estadísticas.
Impresiones.
Clics.
Retención.
Engagement.
Alcance.
¡Hermano, tú no eres creador de contenido!
¡Eres un departamento de marketing sin salario!
Y encima, cuando el video fracasa, te culpas.
«Debí publicarlo a las seis y treinta y siete».
¡Claro! Porque a las seis y treinta y seis el universo todavía no estaba preparado para tu tutorial de cómo pelar una mandarina.
¿Y si hacemos un sindicato?
¡Sindicato Internacional de Trabajadores del Algoritmo!
Exigimos:
Una jornada de ocho horas de visualización.
Vacaciones pagadas.
Derecho a desconectarse.
Y un salario mínimo por cada impresión.
¡Que el algoritmo deje de explotarnos!
¡Que se caiga el imperio!
¡Que vuelva la visibilidad orgánica!
Aunque, ahora que lo pienso…
¿Quién va a pagar el sindicato?
¡El algoritmo!
¿Y quién decide quién puede afiliarse?
¡El algoritmo!
¿Y quién nos muestra la convocatoria?
¡EL HIJUEPUTA ALGORITMO!
¡Estamos organizando una revolución que necesita permiso del emperador para anunciarse!
6. TU MASCOTA TAMBIÉN QUIERE INFLUIRTE
Tú estás grabando un video sobre productividad.
«El secreto del éxito es levantarse a las cinco de la mañana, eliminar las distracciones y concentrar toda tu energía en tus objetivos».
Y de pronto aparece el gato.
MIAU.
«Ignora a quienes intentan robarte la concentración».
MIAU.
«Tu destino depende de tu disciplina».
MIAU.
¡Y el gato te vomita en el teclado!
¿Sabes qué está pasando?
¡Tu mascota también quiere influenciarte!
Tú creías que eras el creador, el director, el protagonista de tu propia vida.
¡Mentira!
Eres un primate con hipoteca que vive bajo la supervisión de un animal que se lame el culo y luego te exige que le abras la puerta que él mismo acaba de cerrar.
¡Eso es poder!
Tu perro no sabe qué es el engagement.
Pero sabe perfectamente cómo interrumpirlo.
No sabe qué es el alcance.
Pero tiene un alcance emocional sobre ti que ninguna plataforma ha conseguido monetizar todavía.
Y lo más humillante es que tu perro no necesita seguidores.
¡Te tiene a ti!
Un solo humano.
Disponible las veinticuatro horas.
Con servicio de comida, limpieza y transporte.
¡Y todavía crees que eres el influencer de la casa!
7. LA INDUSTRIA DEL STALKER
Otra contradicción preciosa.
Publicas una fotografía sexualizada.
Eliges el ángulo, la iluminación, la pose, el encuadre, el texto provocador…
Y luego dices:
«No entiendo por qué hay gente mirándome».
¡Porque publicaste una fotografía para que la miraran!
Ahora bien, una cosa es buscar atención y otra muy distinta es dar permiso para que te acosen. Nadie le debe acceso a su vida privada a quien le dé un like.
Pero hay una diferencia entre querer que te miren y querer que te persigan.
Es como poner un restaurante precioso y quejarte de que alguien entró a mirar el menú.
¡Lo que no puedes hacer es confundir el menú con el consentimiento para entrar a la cocina!
La atención no es propiedad.
La admiración no es intimidad.
Y un seguidor no es un novio.
Aunque algunos usuarios parecen no distinguir entre darle a «seguir» y presentar una solicitud de matrimonio ante notario.
«Te sigo desde hace tres días. ¿Por qué no me contestas?».
¡Porque seguir no significa perseguir, Romeo!
¡Es una aplicación, no una orden de alejamiento a la inversa!
8. EL GRAN COLISIONADOR DE EGOS
Nos encanta decir que la humanidad crea.
Pero mira lo que hacemos cuando queremos descubrir de qué está hecho el universo.
Construimos una máquina gigantesca, aceleramos partículas y las hacemos chocar a velocidades extraordinarias.
¡El Gran Colisionador de Hadrones!
Una máquina monumental para investigar los componentes fundamentales de la materia.
Y luego sales tú, con tu teléfono, y dices:
«Yo también soy creador».
¡Tú no has colisionado ni con tus propias contradicciones!
La física tiene una máquina de kilómetros para estudiar lo diminuto.
Tú tienes una cámara frontal para estudiar tu ego.
Y los dos estamos buscando algo que no podemos ver directamente.
Solo que los científicos publican resultados.
Y tú publicas una foto de tu café con la frase:
«El universo siempre conspira a tu favor».
¡El universo no conspira a tu favor, cabrón!
¡El universo lleva trece mil millones de años funcionando sin enterarse de que existes!
Y ahí estamos, buscando sentido en el vacío.
Al comienzo de 2001: Una odisea del espacio, un hueso se convierte en una herramienta y después en un arma.
¡Qué gran metáfora de la civilización!
Descubrimos cómo manipular el mundo y lo primero que hacemos es encontrar una manera más eficiente de romperle la cabeza al vecino.
Inventamos herramientas.
Inventamos guerras.
Inventamos dioses.
Inventamos oficinas.
Y ahora inventamos herramientas para medir cuántas personas vieron el video en el que explicamos cómo ser felices.
¡Hemos industrializado la angustia!
9. AUTOTUNE: EL MILAGRO DE LA RESURRECCIÓN MUSICAL
Ahora hablemos de los cantantes.
Compras un micrófono.
Descargas un programa.
Le pones autotune a tu voz.
Y de pronto te crees cantante.
¡Hermano, si para escuchar tu voz necesitas un algoritmo que la corrija, no eres cantante: eres un proyecto de restauración!
No estás afinando.
Estás negociando con la realidad.
Tu voz sale por un lado y el software sale detrás con un extintor.
¡Que alguien apague ese incendio melódico!
Pero no te preocupes. La tecnología también tiene sus virtudes.
El autotune puede ser una herramienta creativa extraordinaria.
El problema empieza cuando confundes la herramienta con el talento.
Es como comprarte una guitarra y presentarte como compositor porque aprendiste a tocar dos acordes.
Te propongo algo.
Cómprate una guitarra.
Busca una pieza sencilla de Ferdinando Carulli.
Aprende a tocarla.
Y después intenta componer algo.
Algo tuyo.
Puede ser hermoso.
Puede ser horrible.
Puede sonar como si un mueble estuviera sufriendo una crisis matrimonial.
¡Pero al menos tendrás que escuchar lo que estás haciendo!
Porque componer es enfrentarse al sonido.
No ponerle un filtro hasta que el sonido te perdone.
Y si utilizas autotune, úsalo.
Si utilizas inteligencia artificial, úsala.
Si utilizas tecnología, aprovéchala.
Pero no le pidas a la máquina que te otorgue una identidad que tú no te has tomado el trabajo de construir.
¡La tecnología puede procesar tu voz!
¡Pero no puede vivir tu vida por ti!
Aunque viendo cómo vamos, pronto tendremos una aplicación que lo haga.
Se llamará Humanidad Pro.
Suscripción mensual.
La versión gratuita te deja sentir tristeza durante treinta segundos.
Para llorar sin anuncios, actualiza tu plan.
10. EL FINAL: EL CREADOR Y LA CRIATURA
Así que esta noche les propongo un experimento.
Mañana, cuando se despierten, no miren las estadísticas.
No revisen los seguidores.
No pregunten si el video funcionó.
No busquen una frase de Nietzsche para colocar encima de una fotografía de ustedes mirando al horizonte.
Hagan algo.
Lean algo.
Escuchen algo.
Compongan una melodía.
Escriban una historia.
Vayan al cine.
Denle like a su abuela.
Y si tienen un perro, sáquenlo a pasear sin grabar el paseo.
¡Dejen que exista una experiencia humana que no necesite convertirse en contenido!
¡Qué concepto tan revolucionario!
Vivir algo sin publicarlo.
Amar algo sin monetizarlo.
Hacer algo sin pedirle permiso al algoritmo.
Porque quizás el problema no es que nadie nos vea.
Quizás el problema es que hemos pasado tanto tiempo intentando ser vistos que ya no sabemos mirar.
Queremos ser admirados, pero no admiramos.
Queremos influir, pero no aceptamos influencias.
Queremos crear, pero no queremos aprender a componer.
Queremos libertad, pero actualizamos las estadísticas cada cuarenta segundos para saber si el emperador está contento.
Y después nos preguntamos por qué estamos tan vacíos.
¡Porque hemos convertido el vacío en un modelo de negocio!
Y lo peor…
Lo peor es que mañana vamos a volver a hacerlo.
Vamos a levantarnos, abrir la aplicación y mirar las estadísticas.
Y si el video tiene cero visitas, diremos:
«El algoritmo me odia».
No, cariño.
El algoritmo no te odia.
El algoritmo no te ama.
El algoritmo no sabe que existes.
¡Y esa es la relación más honesta que has tenido en toda tu puta vida!
Muchas gracias.
Si les gustó, denle like.
Si no les gustó, también.
Si no hacen ninguna de las dos cosas, por favor, recuerden que yo también tengo una mascota, facturas que pagar y un algoritmo imperialista al que rendirle cuentas.
¡Buenas noches!
Y no olviden suscribirse.
Porque la revolución…
LA REVOLUCIÓN NECESITA ENGAGEMENT.
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