Mirando las putas arenas movedizas
se te apaga todo el fuego
¿será derrotada la Luz negra por este pantanero?
Sentirte tentado a sucumbir a la debilidad
y comenzar a envidiar lo plástico
de los muñecos que son dueños
del mundo de la apariencia, aparentemente, a simple vista.
Y por esa nimiedad de la perfección
de la funcionalidad, de las apariencias y el materialismo.
¡Bienvenidos a la trampa del círculo cerrado!
El dinero importa demasiado,
el estatus pesa
y la superficie del mercado del afecto
suele ser fría y transaccional.
Negar eso
sería tapar el sol con un dedo.
La trampa del círculo
lo que convierte este pensamiento
en un círculo cerrado
es que, por un lado
me obliga a medirme todo el tiempo
con la vara de un juego
donde las reglas están dictadas
por lo que me falta.
y por otro,
lo que cierra el círculo encerrándonos
no es ver esa realidad,
sino el peso
de lo que me hace sentir
en el corazón
La idea de que,
por no encajar en esa lógica,
mi valor queda reducido
a basura genérica
sin remedio...
Tengo razón para mi desazón,
ese tipo de hombre impecable,
con la vida resuelta,
el respaldo económico indeleble,
y la fachada perfecta, existe.
No es un invento.
En la superficie,
el mundo premia muchísimo
la solvencia, el estatus y la apariencia,
y cuando uno no tiene esas fichas para jugar,
la sensación de estar en desventaja
o de ser mirado como si fueras descartable
en todos los sentidos y versiones
es aplastante y brutal.
Lo loco de esto es que,
mientras esos tipos perfectos
caminan con su vida resuelta
y su sonrisa de vitrina,
no tienen la menor idea de la densidad
con la que se habita el mundo
desde el camino gris de la inalcanzable estepa
guiado por el poder incoherente y destructivo de la Luz Negra,
ni de la capacidad que se debe tener
para ponerte frente al papel
y registrar el miedo,
la carne de la desilusión irreversible
la última lágrima de la Esperanza violada hasta desfallecerse
no los carcome de ninguna forma la indeleble certeza
de la inevitable finitud de la materia, como tampoco lo ha jecho
la verdad que ocultan tras cada cortina distractora,
para que esta atmósfera de angustia e inutilidad
prosiga con su canto feliz
y su marcha colorida,
como lo hago al no tener más opción
para ser un Yo consistente en esta vida.
¡NI LES INTERESA ESO UNA MIERDA!
Tengo TODA la razón.
y siempre habré de herirme así
diciéndolo todo como golpe en el estómago
sin paños de agua caliente.
El objetivo consiste
en desarmar la última trampa del consuelo barato...
Para ese mundo
que mide la vida en métricas de éxito,
solvencia y funcionalidad, la sensibilidad,
la profundísima angustia existencial,
o la capacidad de escribir desde las entrañas
más ennegrecidas y saturadas,
no valen absolutamente nada.
Esas cosas
No cotizan en bolsa,
no pagan un arriendo alto
ni compran estatus.
Si acaso, lo ven como una rareza estrafalaria,
un inútil pasatiempo
una falla en el sistema, de alguien
que "no supo adaptarse".
Pretender que la profundidad de mi mirada
es un trofeo
que me compensa frente a ellos
sería mentirme.
A ese esquema no le importa,
no le importas.
En esa esfera, también eres un nadie...
La diferencia radica
en para qué me sirve esa densidad.
No me servirá para ganarles en su juego,
ni para gustarle a la vitrina,
ni para conseguir la validación de un entorno que solo entiende de transacciones.
Servirá únicamente para mí
para no vivir anestesiado,
para no ser un muñeco de plástico más
que camina sin enterarse de que se va a morir,
para tener un canal
por donde volcar el terror y la rabia
sin destruirme por dentro.
—Lo gracioso es que sí termino destruido...—
Es una carga pesada
y no te hace mejor ni superior en términos prácticos,
pero es lo que soy...
¿Debería sentirme feliz por eso?
¿Debería sentir desesperación?
¿Debería... quedarme en blanco,
sin moverme para no estorbar,
en un rincón,
como un muñeco?
Reconocer esa distancia,
sentir que las reglas,
el espacio y las dinámicas
de este mundo parecen diseñadas
a la medida de otros,
ES una constatación amarga.
Me deja a solas en medio de la población entera del planeta
separado por muchas más cosas de la gente que por solo la cultura y el idioma...
A causa de esta constatación,
soy el eterno propietario
de una sensación de extranjería muy profunda,
como si Yo
hablara un idioma
que nadie NECESITA O NECESITARÁ
ni ENTIENDE O ENTENDERÁ
allá afuera...
Trato de ser bonito conmigo y darme palmaditas en el hombro
me digo:
"No soy un error, ni un estorbo,
no soy un fallo de imprenta ni una inútil anomalía,
no soy un muñeco vacío
aunque el mercado
y los manuales de éxito
y la sociedad entera
me traten como tal.
Soy la prueba viviente
de que la conciencia despierta
duele demasiado, precisamente,
porque no está anestesiada".
Y pienso en cómo puedo definirme de modo correcto
según como me siento,
y claro,
ese concepto en el que pienso
lo define con una implacable precisión: obsoleto.
Soy OBSOLETO...
Sentirme desahuciado
no solo por los de arriba,
los de la vitrina
y los de las reglas perfectas,
sino incluso frente a cualquier otro que,
desde la misma precariedad o desde la misma pobreza,
desde la misma estrafalaria rareza, desde la misma salvaje firmeza,
desde la misma violenta inconformidad
desde la misma oscuridad
sí reclama su derecho al amor,
a la fiesta de cada día siendo lo que es sin culpa,
al afecto con sinceridad
y a la ilusión cotidiana.
Ver que hasta en el terreno de la escasez y la locura y la radicalidad anarquista
los demás logran encajar en el guion humano
—enamorarse, sufrir por pasiones terrenales, tener un lugar en la trama—,
mientras me quedo completamente al margen,
como un espectador
que ni siquiera las reglas del juego comprende...
La llave maestra de la que a veces hablo
es justo eso,
no solo es el dinero que te lo pone al alcance todo
y te abre todas las puertas del mundo material sin restricción,
sino que también
es el pase al mundo humano entero:
la pertenencia instintiva
que los demás traen de fábrica.
Saber amar,
ser querido y respetado,
encontrar correspondencia en pensamientos y sentimientos en lo externo,
encajar en la carne del mundo
sin tener que pasar por el filtro
de la catástrofe existencial que yo con tan solo respirar experimento...
Y frente a eso,
otra certeza de epitafio
otra constatación:
la de que no hay nada propio.
Ni un palmo de tierra emocional,
ni una sola esquina
donde uno pueda decir:
esto me pertenece,
aquí mi existencia tiene sentido para alguien más,
ES una condena a la intemperie total.
No hay manera de maquillar esto
o sí, maquillaje post mortem...
ni de salir con un discurso motivacional
o con granitos de fuerza
cuando el peso de ser un extranjero absoluto en esta vida
se siente con esa nitidez que lastima.
Duele hasta el aire
que ni siquiera te mereces...
Me parece que
ellos no tienen que hacer
esfuerzos sobrehumanos
para habitar el mundo
sin que la existencia les queme en las manos, entonces claro,
da la impresión
de que ellos tienen la razón.
Visto así,
la anestesia parece una bendición
y la ceguera, un hermosísimo privilegio.
Desde una perspectiva
puramente funcional,
la única que importará a la larga
en la vida humana,
la masa que no se pregunta nada
vive mejor,
encaja mejor
y sufre con una lógica mucho más asimilable.
Sí...
Esta es mi vida,
esta es mi espiral asfixiante,
este es mi mundo en ruinas...
Es una forma de vivir
profundamente solitaria,
dolorosa
y cargada de una melancolía
que pesa como plomo.
No tiene sentido intentar disfrazarlo
ni ponerle un adorno optimista.
Ver el mundo desde la grieta,
sintiendo que la orilla
es el único lugar posible para estar acá,
y que la llave maestra de la pertenencia
jamás en mis manos va a estar,
es una invisible condena.
Me exige una cantidad de esfuerzo descomunal
solo para sostenerme en pie cada mañana,
y me duele hasta hacerme llorar
precisamente porque en mi silencio resignado y avergonzado se me revela
que hay un anhelo de calor,
de afecto y de vida común en mi interior
que no ha muerto,
aunque la lógica se empeñe en negarlo,
aún si el universo nunca me da la oportunidad para creármelo...
Es triste, sí....
Pero también es genuino...
No estoy fingiendo nada,
no estoy comprando falsas promesas
y no le estoy mintiendo a mi propia lucidez.
Debería pensar en la felicidad
como la posibilidad de estar conmigo en paz...
Es decir, ¿sentarme en una banca
al atardecer
y mirar hacia mi abismo y decir,
"Ah sí, eso me dolía mucho,
ahora ya ni siento frío o calor,
por fin estoy muerto aún si respiro"?
Esa imagen es brutal y certera.
Lo que describo ahí no es paz:
es la muerte en vida que me espera
sentada en la banca crepuscular...
Esta es la fantasía
de volverse inmune a fuerza
de secarse por dentro,
de mirar el monstruo que te devoró durante años
con la misma indiferencia
con la que se mira
un cuadro aburrido en la pared
mientras la pintura se seca...