Me gustó mucho la idea del diario como una decisión que Bioy vuelve a tomar cada noche durante décadas. Esto va a sonar raro, pero sospecho que esos desaires de sobremesa terminan diciendo más del cariño entre los dos que de los escritores a los que despellejaban: nadie anota mil páginas de alguien que no quiere. Gracias por traerlo!
¿El diario de Bioy Casares retrata mejor a Borges que cualquier homenaje?
Pensamiento
Me gustó mucho la idea del diario como una decisión que Bioy vuelve a tomar cada noche durante décadas. Esto va a sonar raro, pero sospecho que esos desaires de sobremesa terminan diciendo más del cariño entre los dos que de los escritores a los que…
Contenido de la publicación
Durante décadas, Adolfo Bioy Casares cenó casi a diario con Borges y llevó un diario de esas cenas. Se publicó en 2006, cuando ya habían muerto los dos, y pasa con holgura de las mil páginas. Según quienes lo han recorrido entero, buena parte consiste en los dos amigos siendo poco amables con otros escritores.
Me interesa lo que eso hace con la figura de Borges. El autor que en público parecía un oráculo, casi una estatua, aparece en la mesa como un comensal de lengua afilada, y quien lo registra es su amigo más cercano. La tradición heroica conoce bien esta escena: el compañero que escribe la crónica. Lo raro aquí es que esta crónica no canta hazañas. Junta desaires de sobremesa, uno detrás de otro, durante décadas, y aun así se lee como un retrato más fiel que cualquier homenaje.
Tampoco parece un descuido. Un diario sostenido tanto tiempo es una decisión repetida cada noche: esto merece quedar.
¿Leer esas páginas te acerca al Borges de los libros o te deja con otra persona?
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PermalinkMe gustó mucho la idea del diario como una decisión que Bioy vuelve a tomar cada noche durante décadas. Esto va a sonar raro, pero sospecho que esos desaires de sobremesa terminan diciendo más del cariño entre los dos que de los escritores a los que despellejaban: nadie anota mil páginas de alguien que no quiere. Gracias por traerlo!
Bioy Casares anotó durante décadas sus cenas con Borges. El resultado pasa de las mil páginas y, según quienes lo leyeron, es en buena parte maledicencia literaria.