De aquel amor conservo rastros,
de lo que alguna vez creí
que volvería a la vida.
En el desván de los sueños perdidos
halle los besos mordidos;
escondidos, expuestos, insolentes.
Los veranos desnudos,
atados a una desesperación
que parecía un capricho.
Los puentes que conectaban las miradas
y todo lo demás desaparecía.
Una corona de flores en mi cabeza
eran sus palabras...
coronaban la gloria de saberme amada.
Prometimos bajo el juramento de nuestra Inocencia,
"siempre te amaré", hasta el final de los días.
Lamíamos las amapolas floridas de nuestros cuerpos.
Y nos emborrachábamos al bebernos.
Éramos tan libres,
que al abrazarnos creíamos que volábamos.
Tan convencidos de que se vuelve inmortal el deseo.
Pero la muerte camina despacio... sigilosa.
Un día dejamos de tomarnos de las manos
y la distancia creció, como lo hicimos nosotros.
Los años nos llevaron, sin intención de querer detenerlo.
Nos dejamos ir...
viento y polvo que queda suspendido en el recuerdo,
eso somos.
Lo que alguna vez sentimos
como amor, eterno.