El carnívoro devoró la inexistencia de ese cadáver pusilánime.
Su olor a incesante carmesí,
como mío cuello haciéndolo sangrar una vez más.
Quebrarme en llanto quisiera, más me es vedado;
non posible en frente de Satan.
La multitud yace en estado cadavérico, pero yo,
la permanencia, me retiene aquí.
Dios… le suplico que vuela su atención hacia a mí;
suplicante gimo, exalte mi escape de esta fosa.
Se lo imploro.
Aún es acechante, esa ánima sentencial de violencia.
Yo habría de ser uno de ellos,
mas la divinidad fue degradada a esta fosa impía.
Él decidió terminar con su sufrimiento,
fue seducido por la violencia
y ya no habría de hacerlo.
En los altos firmamentum,
por encima de los firmamentos,
son derramadas lágrimas.