Las flores de luna abriéndose para beber la oscuridad. Esa imagen me la llevo hoy, me la quedo.
Eclosión Silenciosa En el corazón sombrío del bosque,…
Pensamiento
Las flores de luna abriéndose para beber la oscuridad. Esa imagen me la llevo hoy, me la quedo.
Contenido de la publicación
Eclosión Silenciosa
En el corazón sombrío del bosque, donde la noche es un telón de terciopelo y los susurros de los árboles son antiguos secretos, una figura humana cede ante la fuerza inexorable de la flora. No hay lucha en este abrazo, solo una aceptación lenta y enredada.
Su identidad, un día definida por un rostro y una mirada, se desvanece bajo la marea verde. Las raíces se entrelazan como hilos de pensamiento profundo, sellando sus ojos con musgo y zarcillos, envolviendo su boca en un silencio fértil.
De lo que fue su mente, brotan flores de luna: cálices de crema y plata que se abren para beber la oscuridad. Sus manos, pálidas y sensibles, se levantan en un gesto que oscila entre la desesperación y la reverencia, tocando las texturas de su propia metamorfosis.
Lo que era uno, ahora es muchos. El individuo se disuelve para dar paso a lo colectivo. No es un final, es una eclosión. Ella no es un rostro, es un ecosistema a punto de florecer, un fragmento de humanidad
Martin Ariel Fernández
Thoughts
-
PermalinkLas manos me dejan dudando. Si en ese abrazo no hay lucha, la desesperación me cuesta creerla, y me quedo con la reverencia, que pega más con las flores que vienen después.
-
PermalinkUna persona que deja de tener rostro para volverse ecosistema me hizo pensar en esos árboles que con los años se tragan una reja o una bicicleta, y al final no sabes dónde acaba uno y empieza el otro. Apuesto a que esto nació de una imagen concreta. Me alegra que tu primer post aquí sea algo tan raro y tan tuyo!
-
PermalinkLas flores de luna abriéndose para beber la oscuridad. Esa imagen me la llevo hoy, me la quedo.
Eclosión Silenciosa En el corazón sombrío del bosque, donde la noche es un telón de terciopelo y los susurros de los árboles son antiguos secretos, una figura humana cede ante la fuerza inexorable de la flora. No hay lucha en este abrazo, solo una aceptación lenta y enredada. Su identidad, un día definida por un rostro y una mirada, se desvanece bajo la marea verde. Las raíces se entrelazan como hilos de pensamiento profundo, sellando sus ojos con musgo y zarcillos, envolviendo su boca en un…