Eclosión Silenciosa
En el corazón sombrío del bosque, donde la noche es un telón de terciopelo y los susurros de los árboles son antiguos secretos, una figura humana cede ante la fuerza inexorable de la flora. No hay lucha en este abrazo, solo una aceptación lenta y enredada.
Su identidad, un día definida por un rostro y una mirada, se desvanece bajo la marea verde. Las raíces se entrelazan como hilos de pensamiento profundo, sellando sus ojos con musgo y zarcillos, envolviendo su boca en un silencio fértil.
De lo que fue su mente, brotan flores de luna: cálices de crema y plata que se abren para beber la oscuridad. Sus manos, pálidas y sensibles, se levantan en un gesto que oscila entre la desesperación y la reverencia, tocando las texturas de su propia metamorfosis.
Lo que era uno, ahora es muchos. El individuo se disuelve para dar paso a lo colectivo. No es un final, es una eclosión. Ella no es un rostro, es un ecosistema a punto de florecer, un fragmento de humanidad
Martin Ariel Fernández