Un desafío diario atraviesa mi mente, y aunque suene diferente, me duele lamentablemente. Noche tras noche, una historia sin final que mi mente llega a pensar, por tan solo no querer llorar.
Como una vela desgastada que quiere volver a empezar, me estoy apagando porque el viento no me quiere soltar. Dime una cosa que dure de verdad y así poder acabar con esta maldición que empieza a pesar.
Solo en mis noches pesadas te puedo encontrar, pero ya no quiero más, vete de mi vida, ¡sal! Estoy cansada, ya no aguanto, no puedo respirar, déjame en paz.
En cada sueño apareces y haces que me despiertes, estoy viviendo un infierno donde el cielo no me advierte; ya no recuerdo su sabor, y cuando el sol me ve sonriendo, coge miedo al verme aquí resistiendo.
Las voces me visitan por la noche y la angustia me hace quejar, no quiero ser egoísta, pero te tengo que soltar. Tu recuerdo me va a acabar y yo solo quiero caminar sin tener estas ojeras de par en par.
Golpeas la puerta de mi mente y me obligas a entrar en tu mundo divino donde solo hay oscuridad. Me tienes atada a una cuerda que solo tú puedes desatar, por eso te lo ruego: déjame ya de atormentarme.
Yo no quiero pensar, las preocupaciones me van a matar y tú solamente te irás y nunca vas a retornar. Esto se puede acabar si cierras esa puerta y dejas, por fin, mi mente desierta.
Estoy sangrando y no me estás apuñalando, ¿cómo sucede esto si por ti sigo esperando? Me miras así... ¿Cómo volveré allí? Por última vez te lo digo: déjame vivir por mí.
Y si me sueltas, ¿quién seré sin este peso? ¿Reconoceré mi nombre sin tu eco? El silencio también duele cuando llega, y la calma a veces es la trampa que me ciega.
Quizás no eres tú quien no me quiere soltar, quizás soy yo quien no sabe dónde más estar. La puerta que pedí que cerrara tal vez la abrí yo con mis propias palabras.
Y ahora no sé si huyo o si regreso, si esto es una herida o simplemente un proceso. Déjame vivir... pero ¿cómo se hace eso? Si aún no sé si el daño fue tuyo o fue mi exceso.