En el delirio de mi amargura,
juré que no serías mi último pensamiento
al final de mis días.
Que mis letras jamás te buscarían
y que el mes de agosto tendría 61 días.
Pero agosto terminó con 32 días.
Y las letras, leales a tu recuerdo, no me obedecían.
E incluso mis pensamientos
te habían jurado lealtad
hasta el final de mis días.