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Culpable

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Fue mi culpa. Sentí el final acechar y no hice nada para detenerlo. Era una idea tan lejana, tan inverosímil a esta altura, que decidí pensar que era fruto de mi imaginación y lo dejé avanzar.

Cuando fui capaz de comprenderlo, era tarde, sólo me quedaba la culpa. El remordimiento atroz de ya no derretirme con tus besos, de no sentir la necesidad de tenerte por siempre a mi lado. El dolor desgarrado de sentir tu ternura y no ser capaz de corresponderla con honestidad.

Nunca he dejado de amarte, lastimarte fue mi más grande terror, y lo que evitó que pusiera un alto antes. Pero no todo amor existe para perpetuarse. No sólo es de amor el sentido de pertenencia, imaginar un futuro hombro a hombro.

Me corroe la culpa del desapego, de amarte y, sin embargo, quererte al margen de mi futuro, de mi proyecto, de mi vida.

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Fue mi culpa. Sentí el final acechar y no hice nada para detenerlo. Era una idea tan lejana, tan inverosímil a esta altura, que decidí pensar que era fruto de mi imaginación y lo dejé avanzar.

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