Durante mucho tiempo pensé que ser el más chico significaba tener menos problemas. Pero mientras fui creciendo me di cuenta de que no era tan así.
Muchas veces sentí que tenía que entender cosas para las que todavía no estaba preparado. Escuchar problemas, preocuparme por situaciones que ni siquiera dependían de mí y tratar de estar bien aunque por dentro no me sintiera así.
Con el tiempo me fui acostumbrando a guardarme muchas cosas. No porque no quisiera contarlas, sino porque sentía que los demás ya tenían suficientes problemas como para sumarles los míos. Entonces empecé a decir "estoy bien" incluso cuando no lo estaba.
Lo raro es que, aunque sea el más chico, muchas veces no me siento como el más chico. A veces siento que tuve que crecer más rápido de lo que me hubiera gustado. Como si siempre estuviera tratando de entender todo, de ser fuerte o de no preocupar a nadie.
Y la verdad es que eso cansa.
Porque hay días en los que también necesito que alguien me escuche, que me pregunte cómo estoy o que simplemente me deje decir que no puedo con todo.
Aunque, siendo sincero, creo que ni siquiera les contaría cómo me siento. No porque no confíe en ellos, sino porque muchas veces siento que mis problemas no son tan importantes comparados con los de los demás. Como si siempre hubiera algo más serio pasando y lo mío pudiera esperar.
Capaz está mal pensar así, pero es algo que me pasa seguido.