La lluvia cae despacio,
como lágrimas del cielo,
y cada gota que toca la tierra
parece guardar un recuerdo.
Llueve sobre las ventanas,
sobre los árboles y el camino,
y mientras el mundo se moja,
mi corazón busca su destino.
La lluvia no pregunta
si estamos tristes o felices,
simplemente llega y abraza
hasta las heridas más difíciles.
A veces quisiera ser lluvia,
para caer sin miedo,
recorrer cada rincón
y comenzar de nuevo.
Porque después de la tormenta
el cielo vuelve a brillar,
y hasta la flor más pequeña
encuentra fuerzas para despertar.
Por eso, cuando llueva,
no tengas miedo de sentir;
quizás el cielo esté llorando
para enseñarnos a seguir.