Te miro en el silencio de tu sueño,
y el tiempo se detiene ante tu calma;
La noche deja su rumor en mi alma,
Y el mundo, por tu paz, se vuelve pequeño.
Tus párpados, dos puertas a lo ignoto,
custodian esa paz desconocida;
tu boca, apenas luz, queda dormida,
Y el sueño cierra el mundo, libro roto.
Yo velo tu descanso en noche callada,
Como quien guarda una llama sagrada.
Al mirar tu rostro dormido,
Le agradezco a Dios que estés en mi vida,
por tenerte a mi lado, mujer querida,
Y por todo el amor que en ti he conocido.