Tengo un abrojo en los labios
que no me deja hablar,
tengo un nudo en la garganta
que no me deja respirar.
Y aunque grite con todas mis fuerzas,
mis palabras no se van a escuchar.
Lanzo al mar mis promesas de cambiar;
solo quiero hablar sin miedo
a que juzguen mis pensamientos,
mi forma de ser, mi verdad.
¿Por qué debo ser igual a todos
solo para encajar?
Si mi verdad les molesta,
que aprendan ellos a escuchar,
porque no nací estatua
para dejarme moldear.
Prefiero una soga en el cuello
que me haga callar
a tener que callar por
propia voluntad.