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Como un Crescendo

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Pensamiento

Pensamiento

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Empezar con la dedicatoria a Dios y cerrar agradeciendo a sus ángeles le da al cuento forma de ofrenda, como lo que se lleva a la fiesta del santo: primero se agradece. ¿Los Tronos de la Sabiduría los soñaste tal cual?

Empezar con la dedicatoria a Dios y cerrar agradeciendo a sus ángeles le da al cuento forma de ofrenda, como lo que se lleva a la fiesta del santo: primero se agradece. ¿Los Tronos de la Sabiduría los soñaste tal cual?

Contenido de la publicación

A ti, Dios,      
Tú, que me elegiste como tu hija,     
 Y me permitiste venir al mundo pensando en mí; conociendo mi nombre;           
Ya antes que naciera; 
 para ser creadora de historias.          
Me diste este don de crear;    
Y yo, ahora, te agradezco desde le fondo de mi noble corazón;      
Con este cuento de Sinfonía Universal.       








Examina el firmamento con esos ojos ciegos que tanto llaman la atención por su aroma a tinta de chocolate y galletas; pero sábete, oh, dulce cuna adorada que él mismo no nació como tú, si no como un equiparable al terso verso que encandila a las muñecas galácticas. Brindará los sabores rancios a su paladar conforme un mudo suspiro se teje en forma de noche y en trizas de nubes; de calmante destello submarino. Sus ojos dorados y marrones; su boca de carnada recia presta su voz a algo que no emite sonido, pero, en el, pero, persiste lo que si existe; se percibe de él un canturreo de suave alabeo.

 

Entonces una lluvia cae sobre él y le encandila los suelos de los sueños; su terror es solo frágil si tan solo hiciera caso del ave que confabula canciones desde adentro hacia afuera, y se comunica por sus ojos, y amanece tránsito y en rectitud amaestrada; vertiente soñadora que atardece y amanece en su ser de crin nevada, de nevada hermosura.

 

Así que como fantasma solariego desciende la noche en noche en su destello de una triste Luna que no llega a su cauce. Se las apaña para esquivar todo; se hace a la mar del bosque de ese sueño en el que ve al otro de crin de ébano, y el canario canta y arrulla el silencio conforme el duerme con préstamo de vuelos hacia los ayeres siderales; ah, de sidéreos amores, me brindo a la par con el licor de la vida que desprendo, dice el ave, en su mañana hecha noche.

 

Trata de alcanzarlo en el sueño, y quiere gritar, quiere ser parte de él, pero ese paisaje, ese ser de cristal de nocturna recia, amalgama suprema le ofrece un callado cayado; rinde en él el amaestrado retener de la imagen y más allá de su pensamiento su pensamiento se hace oro y roza su mejilla con una caricia de nupcial augurio y le dices, y le dices que lo vistas de luz, que lo veas, porque sin él ni los planetas ni las flores danzarán.

 

Y sólo tú, en este despliegue inaudito, te lleno de la plata de los cielos, que ahora veo desde la integridad de yo mismo, que eres también tú. Tan solo vísteme con tu halar de terciopelo y yo en cambio veré tus sueños al buscarte al despertar y no hallarte, tú, príncipe producto de la imaginación de otro sueño en proceder y encanto.

 

Y quién se viera descubierto, de matriz anonadada, la noche tersa a esa Luna de ébano y marfil edificado con un receptáculo de plateada gama, y si yo fuese todo lo iluminado, sería un hijo de un invierno hecho verano, pero ahora no soy más que una insulsa primavera que te halla cada vez que haces el amor conmigo sin siquiera tocarme.

 

"Ya mi alma se estremece", emito una luz en el torso, y mis alas se abren para recibirte con el abrazo del amor que no es amor si no una promesa de memorias de la tarde en un equinoccio de recepción hacia tus núcleos y dunas. Y son las dunas de mi tiempo detenido quienes te hablan y soy yo, y a la vez por vez en el no, me hallo sentado ante ti. Y no es un lecho de lechos lo que ves con tus ojos. Este lecho es un helecho de una boca de lobo.

 

"Mira este ser y dime, ¿abro los ojos si acaso te sueño? ¿Beso tu frente con la oración de mis afrentas a tus cielos entre mis mudas oraciones?"; sonrío durmiente y entreabro los ojos, y de en mí se enciende una noble luz que como las luciérnagas besan los prados encallados junto al poderío de las estrellas. Abro los ojos y te beso en la comisura de los ojos y el cerco de los labios. Y ahí te veo, oh, señor de mis amores, te miro con ritos

soñadores. Y te pienso y abro los ojos en oración.

 

Entonces sueñan mis sueños con ejemplares de gracias que solo tú puedes brindarme. El canario en su ser canturrea, su garganta marcada por surcos de antiguas cicatrices se dicen un adiós y un hasta luego al mismo tiempo y vuelve y abre sus ojos hasta dejar ver la luminiscencia del espejo de la vida en ese ser de claridad y a la vez principio, de principio y final en el que se refleja su universo.

 

"¿Ves con tus ojos a los míos siendo tuyos? ¿Reconoces mi ser a ese latir de recio vuelo? Yo también te he esperado, como si fuera un eclipse inundado con tu estampa; reconozco en ti a mi otro yo".      



















Bendita sea la caja de los sueños, pañuelo en el que lloro como los que lloran a quién ya no reaccionará ante el legado de la vida. Si tus ojos fuesen obstáculos en el espacio y tiempo en el que existes, manso, conmovido; no abrirías el paso de lo que te es conocido. Y más allá de lo que he podido darte, estamos aquí, inundados con árboles de los cerezos que tú mismo invocaste, como se conmueve a las mañanas en puestas de sol recrecidas. Y en este circo en el que moramos, este aprecio en el que me reparto como tuya, no puedo marcharme hasta que no muevas tus manos y me beses, cría de ese olvido que se vuelve a hallar en esta noche en la que ya la primavera nos conmueve a todo en lo que bebes de mis cosenos. Y es en abrigo de un abrazo que te pisa en este que no es más que tu propia imaginación y tiempo en el que el tiempo es inmensurable, rebelde augurio de las cantidades que puedo albergar junto a ti. Vislumbro como tus ojos se manifiestan cerrados, hará hace muy poco reposas y e imaginas, y en tu imaginación se viste el regazo en el que descansas y mis manos abrigan tu orgullo y tus tardes conocidas, de estos pétalos que caen en el augurio, motivo de ser y estar en lo precioso del todo y la nada en la que revives cada día, cuando en el cuando te cuento un cuento, y ese mismo resiste la imaginación de la realidad y la imaginación se vuelve imaginación. Presto en los céfiros lágrimas de plata, y la noche que te gobierna no apaga esta luz que tanto te agrada y en la que te recreas cuando se condensa todo lo que una vez viviste en ese tiempo en el que te has vestido con una piel dentro de otro sueño, y ese sueño forja otro.

Entreveo esto que creas con tu fuego interior, como una luz que no descansa, como un ser que eres tú en el tú de los espacios que prometo relatarte más allá de lo que mis pasos te han enseñado en este edén conocido. Sábete que existe oscuridad nacarada en este espacio interior en el que repasas tus lecciones, en el que abres las puertas de este circo en el que todo es más manso, cuando en el cuando apareces como esa cría en la que el verano extravió su rostro desde el altar de los tiempos. Más allá de lo que puedo erigir para que tus consignas sean preciadas, mis cosenos continúan revistiéndote entre los océanos de arena que recaen aquí. Porque en las afueras existe como una guirnalda que es este circo que se somete como caja de los sueños y Ver-Azhitú, la que besa tu frente en el momento en que cierras los ojos, se enfrasca de pintarte el rostro con caricias que solo provienen de un ser que te respeta. Ella posee nombres en todos los espacios, de caos mesurado, de llanto amargo en el instante en que no despiertas y te gusta soñar, como un sueño que se reparte en ese espacio en el que todo conviven. Po-Agarithiann, en cambio se enfrasca por verter cosquillas para que renazcas de nuevo y puedas aprender tus lecciones como nunca y en la nada y en el todo mismo, sea ventura lo que pensaste esta vez. ¿Anhelabas como morada un circo, el circo de la vida, caja de sueños en el que la vida se hace valedera? Se escuda con el ser, y en el estar, en el que tu mismo te enfrascas.           

Ahora repasemos este día de mesura inquieta, inevitable eternidad que renace en cada vivida promesa en la que me mantienes en ascuas. Veo el espacio en el que estás suspendido como una etérea escalada que reparte lo que reparte esto que beso en lo más vivido de mi promesa a ti. Prometí cuidarte, prometí salvaguardarte hasta que esa noche dejara de ser oscuridad corrosiva, y en cambio, ahora en el ahora, me pesa de todo corazón caer en cuenta que me he equivocado: la noche ya no es noche, es un día en el que existen todas las criaturas nocturnas; porque esta noche cambió para ti y para todos, para siempre entre la angustia conmovida de no poderte despertar como hemos anhelado desde que soñaste el todo mismo y a nosotros mismos como tuyos. Yo, tu musa en este espacio en el que te cedo, no hago más que verter las cosas más allá de lo que puede saberse. Me abres paso cada vez que me recuesto junto a ti, y recuerdo que reíste y se te encendiste con una luminaria que encandiló mis ojos, y casi los torna en tu oración durmiente. El caos, la resurrección, la tarde más allá de lo que has vestido, mes muestra lo que traes con este espacio en el que la música emana de ti, y se hace dignificada tu presencia. Y hoy en el hoy, en este hoy que es pasado, y también futuro, me aterro de perderte, pero a ti han venido otros a verte. Han escalado la escalera a este espacio reconocido. Y como lo hallaron, tú mismo lo provocaste hará mucho tiempo. Repaso, de hecho, el tiempo en el tiempo del tiempo, y aunque no me has revelado tu nombre, más que la música que tú misma produces y otros apremian, puedo reconocer que tus planes son perfectos, y todo lo perfecto tiene el precio de soñarte. Y todo lo perfecto tiene el arropo de vestirte.          

Yo misma desciendo de ese circo, la caja que tienes por sueños, y me aventuro a soñarte de cerca hallándome lejos, y recorro todo lo que han creado tú. El sonido de varios instrumentos musicales, que son silencio en este espacio terso, me abre el cosmos en el que vestimos con los pensamientos que manan de todos nosotros; y la muñeca y el títere que son caos y orden de resurrección, se prestan a vestirme un repaso por todo lo que acontece, todo lo que es presteza de ti mismo que tanto añoro como mío. Porque ansío soñar como tú, niño de la imaginación. Así que recorro el espacio en el que me he vestido con la almica noche que no cesa y encuentro a los ojos que exploran desde que te vieron allá en lo alto, en ese cielo en el que pactamos tantas veces con nuestros meñiques, el no abandonar lo que somos o lo que fuimos. Repaso como aconteció todo, y te entreveo de reojo, acompañándome como el céfiro, astros, reverencia de la vida misma que te tú creas y recreas y desde la que he nacido. Y recuerdo, y recuerdo, que en la mañana de tu primavera nací, en la primavera de esos pétalos de cerezo que caen desde lo alto. Tú, Soñador Eterno, has vertido tu imaginación para que te encuentren. Y en el abajo, que no es retocado por la noche iluminada, ni por ti, eso que se desprende desde el territorio del todo conducido, persisten varios que son lámparas, encendidas como en el nadie de las cosas que más sorprenden entre instrumentos musicales. Ellos contemplan el circo de la vida con el impacto que debería de poseer, y yo, en cambio, me presto a corregirles cuando en el cuando necesitan ser corregidos, pues no solo cargan sus hálitos de vida con lo que nace de ti mismo, si no de lo que existe en la noche de sus almicas promesas en las que vierten y han emergido de todo lo vivido más allá de lo conocido y reconocido; más allá de lo que entreveo con mis ojos, y mis pasos le muestran el camino del derecho y al revés. Y en ese camino encuentro tu rostro, y en ese camino me entreveo hecha tuya desde que amanecí en el rito de tus maromas desde este inicio que ya ha transitado lo que he puesto entre mis riscos más conmovidos que solo tu puedes mostrarme. Tú, que pactaste con la nada, tú que enseñaste a las lágrimas a volar y a tejer sus sueños, y tú que sueñas, aunque en tus sueños no puedo alcanzarte pues no soy digna de tu estampa pese a que recargo tu cabeza en mi regazo y te canto, y mi canción rivaliza con la tuya, pero no es tan hermosa como el latir del corazón que nace de ti, en ese lienzo en blanco, de inflada apariencia inundada por los estampados que tanto te gustan.          

En el abajo interrogo a cada uno y les pido que me cuenten sus sueños, y en esos sueños suelo agradecer a lo que he suelo venir, a lo que suelo agradecer desde que existo por tu causa, porque me aventuro a tu ser, y en ese ser en el que me vistes con tu risa, las lámparas que son estas criaturas se cuentas como exploradores que interpretan tus espacios, tus latidos, tus maromas, tu risa pues toda es creación misma. Y la misma creación es pensamiento, en la que anunciaste con tu risa que todo se viera tejido, escrito, dibujado por los augurios de tus sueños. No temo lo que pueda acontecer cada vez que despierto junto a ti y te beso los sueños, y me hago a mí misma la pregunta de, cuando en el cuándo, contemplaré de nuevo tus ojos como los contemplo a ellos. Exploradores, poetas, escribanos vertidos en el oscurantismo en el que me aventuro para recolectar información. Así que me permito ser guiada por ellos, por todos esos incendios de vida, por todo lo que he reconocido como tuyo, y los sigo adentrándome en entre el recorrido de los tres fragmentos que es este lugar, compuesto por tres pétalos que representan tus noches, tus días y tus noches interiores; esos pétalos me guían, y entonces me percato que todas las lámparas sonríen, todo lo que una vez se hubo encarnado en la oscuridad de tu propio ser, pero sábete, oh, presteza de mis augurios, que lo que he visto no es de tan beldad promesa como lo que he percibido de ti en este espacio más allá de lo que puedo darte entre mis brazos, en el instante en que te he abrazado y en el que en ese momento hago entrega de luminarias que se encienden desde que lo que se presta a cobijarlos me enciende el corazón con alegría.       

Poco a poco me aventuro en esa empresa en la que dignifico tus sueños, en el entre medio de esa oscuridad que no te toca pero que, has creado tú inconsciente, y repaso tus creaturas porque existen más de las que has amaestrado con tus manos de heraldos de viejo amor, tú, mi viejo niño, tú mi niño de vejez primaveral, de lágrimas sonrientes, de risa de vida, de augurio soñado por todo lo conocido, más allá de la presencia misma de todo lo que eres. Y ahí en el abajo desde el cuál contemplan tu jornada hecha cielo, esos que renacen desde lo que existe por y para ti, es lo que siempre soñó tu ser y en la que tu estancia pudo entregarme el nacimiento de todo lo que existe. Y aun si duermes, y aun si renaces jamás te abandonaré, mi claro existir, mi infante de luminaria que como el tafetán entremezcla a cada uno de nosotros como todo y a la vez como en la nada que debe medirse de sereno entrever. Entonces más allá de lo que puedo mostrarles, ellos incendian la noche, esa que proviene de ese plano en el que te encuentras y a los que no han logrado otorgarle un nombre como tampoco lo he logrado yo. Yo, tú bruja de las estaciones, tu almizcle sonriente, tu anhelo hecho tarde, tu canción de cuna entregada desde racimos de cerezos que visten tu lecho con amor. Y ellos, los que nacen para recolectarte e interpretar lo que sueños, me dicen que no deje que tú despiertes, porque sin tus sueños pueden desaparecer, Soñador Eterno, en el que he vertido mis besos a tu frente cuando en el cuándo me apresuro a tomar tu mano y arrullarte, entre tus balbuceos. Pues si acaso los vieras como me sostienen a mí las manos propias mías en este momento, mi ser, mi rostro radiante, me he provisto de una secuencia en la que este caleidoscopio que es tu propia oscuridad como una noche de reverencia me dice que ya no te deje más y retorne a ti, porque puedes llorar sin esa canción de cuna que rivaliza con la balada de tu vida que es tu propia risa. 

Y ahí, entre reflexión y reflexión, me doy cuenta que ellos son sueños y que son tuyos, y que tus sueños fueron lágrimas de lámparas de invierno en una calidez matutina en la que tus sueños proyectaron tus propios desde y no te permitieron dejarte verter tantas cosas en ese cosmos al que no podemos nombrar aun, y aun así, y aun en el aun, me interrogan todo, porque a pesar que todos han podido entrever vestigios de tu ser así mismo, así mismo me preguntan que clase de lugar merecen ahora que su luz, o más bien la tuya dentro de ellos, pudieron amoldar tus sueños y los hicieron conscientes de su propia luz y su propia bienestar. Ellos que aparecieron si nada, en un campo abierto en el que se pudieron erigir cuevas con piedras preciosas que les iluminaron los sueños, como yo ilumino los tuyos, tempestad. Tú, a quién logro llamar el Anallonmann Riamar, Compositor del Sueño Imperecedero, yo, a quién llamaste dormido tu Rosa Mística, tu Llollo Thanunnmn, doy el nombre a estos seres que son escribanos, poetas, seres preciosos que me encandilan los ojos con su luz pero no tanto como la que tú desprendes cuando estoy contigo. Los nombro Ivamennan Moran, los Tronos de la Sabiduría, y cuando en el cuándo, me percato que ríes más allá de ese circo en el que reposas y repasas dormido tus lecciones, en el que escribes nuevas constelaciones de historias conocidas, esas Rheiraca Olgada, Constelaciones de Virtuosas Leyendas, puedo vivir jutno a tu poniente y el aliento de mi existencia busca al tuyo desde lo que tanto te digo cuando mueves tu ser, y lo haces repartir entre los espacios más allá de la realidad misma que se fragmenta como nadie. Más allá de lo que se mantiene entre lo que seremos siendo tuyos, tempestad. En esta vivencia que es tuya. Y el cómo se originaron tus sueños de vivir en dicha y aparición dignificada ni yo misma lo sé. Tan solo sé que he encantado con el tiempo a todo lo que haces más allá de lo que sueñas, y todo lo que reproduces junto a mí.     

Existen muchas criaturas en esta oscuridad, encendida por estas lámparas de tan gracioso y grácil proceder; en este ser que es ser y estado, y que se manifiestan como estelas preciosistas. Me aventuro entre sus ojos que no dejan de contemplarme, y el que me sostiene la mano me pregunta con un cantar brindado por una corona de vocales, que tanto en el tanto tendríamos que hacer para verter todo lo que sueñas, y todo lo que mantienes en vilo, el pilar de todo lo que existe en este ser de afanada promesa que es tu interior, en el conviven todas estas criaturas más allá de lo que puedo repartirte como mío. Ellos me interrogan con afables sonrisas, y yo en cambio los escucho y me pregunto qué es lo que puedo hacer si acaso veo lo que veo, lo que previsto como lo que puedo ver en ellos mismos. Atento estamos en este espacio que no es retorcido, ni se presta a ser lo que es espacio merecido por la luz más allá de todo lo que tenemos que decirte y en el claroscuro de en lo que te beso, me dicen que no puedo dejarte marchar, ni tampoco despertar, porque, ¿qué sería de ellos? ¿qué sería de su ser de eternidades supremas? ¿Qué sería de todo lo que ellos se hacen pescar como unos peces de sentidos, en los que los sentidos no te faltan, ¿no son ellos los que deben vestirte de sueños más amados? ¿De recia voz atardecida en una, ahora, noche plagada de estrellas? Pero he de repartirte las estrellas que son ellos, que son esas cosas que tu mismo imaginaste, que tu mismo amaste, Soñador Eterno, en el que en ti convive el hilo de la Vida que es tu propio espacio, tu balada hecha risa, tu ser mesurado, que no es de tardía estampa, ni tardías notas. Lo que pienso y ellos piensan en que todos en sí mismos y, yo misma, somos espacios en esto que tú mismo sueñas, y de tus sueños se hacen posibles las historias y lo que me dicen más allá de lo iluminado, más allá de lo que tejes sin siquiera tener una intencionalidad, lo que escribes sin siquiera saberlo, lo que pintas sin siquiera pensarlo, nos enseña que somos más que las coronas de tus sueños. Y sábete que estamos contigo.           

Todos y cada uno de nosotros entre vemos los estanques de agua de luminaria platinada, en la que se crean todas las estrellas, y allí amanecemos contigo cuando en el cuándo hacemos posible que todos los sueños más allá de los que tu sueñas se repartan en esas oraciones más allá de lo preciso y lo imprecisos. Y entonces me doy cuenta que somos nosotros quiénes te hacemos sonreír, te hacemos merecer la risa que tú mismo desprendes como nadie y como nunca. Y como lo que se besa en la frente, cuando en el cuándo sueñas, los veo a todos escribir en el aire, en las hojas de los árboles en los que tus cerezos nacarados se mueven como jardines y pienso en el pienso que tejes, escribes y pintas en tus sueños, y tus sueños son aventurados sueños de aventuras en lo que deseo hacer feliz para Siempre aun si hallemos baladas de corazón malheridos en algunos. Porque eres un soñador consciente e inconsciente y en todo esto, me dices con tu risa que no te puedo mentir pese a que no puedo, pues todo lo que creas son palabras que se escriben, que se escuchan, que se pintan, y en el todo del todo se hace posible tejer las partes de tu propio imaginario venidero de tu ser y de las líneas que se mezclan entre tu propia concentración cuando en el cuándo se hacen realidad tus sueños y esos sueños son las manifestaciones de tu propio pensamiento hecho promesa, como un crescendo que nace y renace en ese lecho en el que ese caos y orden te visten con maromas y carantoñas como si nunca importara que más debería existir. Y así te mantienes a la espera de todos nosotros, y así mismo te conmueves como nadie porque quizás estás demente y la demencia de ti mismo te hace soñar tantas cosas grandiosas que ahora mismo entreveo con mis ojos de botón de rosas. Y entonces me dicen que más allá de los límites en los que se mantienen todos, en el todo mismo, en el presagio de las tardes de las estrellas más preciadas, me doy cuenta que eres el soñador que hace posible nuestra existencia, y que sin ti somos el cerco de una vista de alboradas de incendios de lámparas de la vida. Más allá entre veo a las criaturas que creaste con tu don de escribir, cantar y dibujar en la duermevela y me siento orgullosa de lo que logras confeccionar con mi cantar. Y todo lo que se esgrime allí mismo me dice que debo recuperarte aun en el sueño, que debo ser tu propia lámpara de sueños y encanto y que se encanto lo conozco por medio de tu risa, y aunque no he podido ver tus ojos, tus creaciones me son caras; pues tu esencia es ese trino de ti propio ser. Ahí en la oscuridad iluminada pasamos un momento provechoso y vertemos nuestras cosas en lo que no medidos, pues somos criaturas que cometemos los errores que cometiste quizá tú en el ayer, porque sé, por mi ver, que a veces lloras, a veces balbuceas palabras y cantas también una canción que no sé como nombrar, conforme escucho los latidos de tu corazón, ese que es uno y a la vez el todo insano que tanto me ha arrullado con su canción. Me digo a mí misma, empapada de tus sueños más preciosos que me he repartido más allá por el clero de eso que tanto me ha conmovido de ti. Y pese a que eres un soñador y no sé cómo despertarte, pues temo que todo esto desaparezca, puedo conmoverme y llorar por tus creaturas, por tu ingenuidad de ingenio.          

Pronto alguien me susurra, algo me saca de mis pensamientos, y me es entregada una carta, el ser, que es una bestia tan hermosa como el trino de la vida misma, con ojos y boca de ilusiones, a la que no identifico como mía o como de él, me sonríe y me pide que le lea la carta al soñador, que sueña tan precioso, porque si ellos se bañan con lo que él les ha vestido de eso tan arriesgado a entreverse, me digo a mí misma que merece la pena. Doy las gracias, aunque desconozco que pueda contener, y al guardar pétalos en mi túnica, y despedirme de todos con una visión de ese ser que en todo y la nada me puede hechizar, veo lo que la bestia de esa amalgama de la vida me dice siempre a la espera de que la sueñen como esos seres que son seres senti pensantes. Y cuando retorno al Circo de la Vida de la Balada más emblemática de todas las que él desprende, escalo la escalera que me conduce a ellos, a los tres que están en el arriba. Ya con él, tiento los rostros de todos, los que pueden ser más que emisarios de los sueños más concisos. Retengo la carta en mis manos y la abro, y mi voz resulta ser la constancia de ese regalo que le mandan a él, a ese niño tan anciano, que crece más allá de la existencia; beso su frente, beso el plenilunio de sus sueños y me hago escuchar, y recito lo que es esa carta resuena como una risueña magnificencia de ser escuchada. Y entonces, y sólo entonces, recito con voz solemne, ya instruida por los poetas para que el regalo sea entregado lo siguiente:     
           

"Soy el cosmos y tú el astro que sueño junto a mí; tiéndete junto a lo que poseo; hazte tuyo, sé tú mismo y no me marcharé".           

Entonces besó su frente al alzarse de puntas y se refugió ante sí entre sus brazos a través de la carta, y le dije.

"Una vez te soñé. Una vez tu sueño vertió al mío en tardes; una vez imaginé tu ser y una vez más puedo tocarte".

 

Y habló con su voz; la verdadera, y fue como un arrullo de plata en destello viviente; y sus consonantes se unieron a las vocales; y las vocales en forma de líneas de corazones, lo que fueron malheridos ya sanaban y junto a él, sanó el mismo.     

"Una noche te canté sobre una estrella, esa que fuiste. Una vez miré el abismo de tu ser, y dije en ese tiempo: eres a quien esperaba desde que los sueños eran sueños y tú una absoluta realidad".

Y brilló entonces como una estrella, y la estrella fui también yo en mí misma.     

Y le dijimos… 

"Hasta los árboles pierden sus hojas en otoño, y en cada puesta de luna de la vida, ellos están conscientes que una nueva oportunidad les hará sonreír".


Peinó sus cejas con la punta de sus dedos y lo acarició, así como lo frágil y a la vez poderoso que pensaba que era.     

"Vale la pena luchar por ti, Tempestad".      

“Tú, mi Soñador Eterno”.    











                                                              Agradecimientos   

Durante mis sueños, cuando he podido soñar cosas extrañas o inauditas, se me abren las puertas del cosmos de todo lo que he visto en imágenes bonitas. Y a veces tiendo a encontrar las respuestas de porque existe la Vida, y porque todo lo que existe en varios espacios que olvido como nadie, así como lo sueño. Pero a veces esos sueños tienden a materializarse como historias, y esas historias son precisas para mí, como un rito de vida que me permite estremecerme de cabo a rabo y desde que tengo uso de razón puedo confeccionar a través de todo lo que recuerdo y todo lo que es preciso en proceder. Mis oraciones se abren paso de verdad, y Dios mismo me permiten ser un motivo creador, un motivo de ser una creadora de historias como nadie pudo proceder, como nadie se pudo pensar, como nadie se pudo inventar a partir de los cuentos de hadas y todo lo que se viste de ello con su lógica. Por todo, agradezco a Dios por todo lo que me ha brindado, y doy gracias a sus ángeles por bendecirme con la vida que llevo, ahora de bien, ahora de estar, ahora en el pensar de este cantar de los cantares que es el heraldo de la vida que yo misma interpreté y construí.



                                                                                                            05 de octubre de 2026

Thoughts

  • viernesDeDeploy

    Ese canario, uf.

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  • antiguaruta

    Empezar con la dedicatoria a Dios y cerrar agradeciendo a sus ángeles le da al cuento forma de ofrenda, como lo que se lleva a la fiesta del santo: primero se agradece. ¿Los Tronos de la Sabiduría los soñaste tal cual?

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  • pnavarro64

    Las ruinas circulares de Borges anda muy cerca de esto: alguien que sueña a otro y descubre que también lo están soñando. Aquí la vuelta es que la musa no quiere despertarlo, porque si el Soñador Eterno abre los ojos se apagan los Tronos de la Sabiduría y todas esas lámparas que viven abajo. Apuesto a que Ver-Azhitú y Po-Agarithiann tienen más historia de la que entra en un cuento, se nota que ese mundo ya tiene nombre para cada cosa.

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