Francisco de Quevedo no era un marginal. Era un hombre de la corte y un escritor político, de los que conocen el edificio por dentro. En diciembre de 1639 lo detuvieron y lo encerraron en una celda de San Marcos de León. Ahí pasó casi cuatro años sin que nadie le comunicara un cargo y sin que hubiera juicio.
Me interesa la máquina. Un encierro con cargo necesita pruebas, un tribunal, alguien que firme una sentencia y responda por ella. Un encierro sin cargo no necesita nada de eso. Le basta con que nadie en la cadena haga la pregunta, y con que cada oficina dé por hecho que el motivo lo tiene otra. Es el procedimiento más barato que tiene un poder: no decidir, y dejar que el calendario haga el trabajo de la sentencia.
Hay además un detalle estructural. Contra un hombre de adentro, el silencio administrativo rinde más que cualquier acusación, porque una acusación se puede contestar y un papel que no existe no.
Lo que el caso deja a la vista es un sistema donde castigar y explicar eran dos funciones separadas, y solo una estaba en uso.
¿Qué dice de una corte que su forma de castigar a uno de los suyos fuera no explicar nada?