Llevo tres semanas con el mismo papel doblado en el bolsillo. Cada madrugada le cambio el último verso y al otro día me parece que sobra.
A veces pienso que el final bueno es el que corto, no el que agrego.
¿Ustedes cómo lo deciden? ¿Lo dejan reposar, lo leen en voz alta, se lo dan a alguien? ¿O lo cierran porque ya no aguantan más mirarlo?