¿Cómo podía verte si no existías?
Mi abismo era más grande que lo que había tenido. Podía sentir mi cuerpo moverse sin que yo lo moviera. Mi mente era un laberinto que creó un ser imaginario con el que podía hablar y bailar en aquellos escenarios ficticios. Te podía ver y tocar, pero cada vez que te iba a besar era imposible, porque cuando abría los ojos no había nada.
Porque cada vez más se me hacía difícil. Te quería de verdad para mí, aunque eso solo me costara soñar. Despertar no era algo de lo que me alegraba, pero siempre me hacía dudar entre lo que es realidad o imaginario. No pude plantar una barrera, por eso te convertiste en mi enfermedad. Una enfermedad que está acabándome por dentro, la que me hace asustar y huir de lo que es real. Mi cuerpo sentía lo que yo ya no y viajaba contigo a cualquier lugar.