Hoy toca home office. Trabajar desde casa rompe un poco la rutina; tiene esos pequeños encantos como andar en pantuflas, preparar el mate y poder sonreír a partir de las 10 de la mañana, que es cuando realmente despierto. Lo que más me gusta es que a la hora del almuerzo salgo a correr. Eso me desconecta y vuelvo cansada, pero con la mente renovada.
Después de correr dos vueltas al parque me siento cinco minutos en un banco y tomo un poco de agua.
—Vas mejorando el ritmo.
Cuando levanto la vista, Sebastián está parado cerca, mirándome con ternura.
—El esfuerzo no es lo tuyo.
El Amor sonríe y se sienta al lado mío.
—Ya no te sorprendo, perdí mi magia.
—Tu energía ya se siente. —Suspiro fuerte, trago saliva y pregunto—: ¿Cuál es la lección del día?
—Pero qué valiente, me gusta tu actitud —El Amor hace una pausa, sonríe con la mirada perdida en el paisaje—. No lo sé. ¿Por qué seguís pensando que el amor solo es esfuerzo?
Esta vez no hay viaje al pasado, sino un recuerdo que vuelve a mí tan vivo, tan real, que se puede sentir en todo el cuerpo. Esta vez yo misma pude ser dueña de mis sentidos, emociones y conciencia. Empieza a tener un gusto distinto, agradable. Es una nueva receta: ya no sabe a miedo.
—Recuerdo esa tarde en el parque con Sebastián: su mirada dulce, siempre atento. Sabía cómo hacerme reír y mi ánimo cambiaba totalmente. Era un lindo chico.
—Es un lindo chico. Soy el Amor, no la Parca.
La carcajada fue una sola. El Amor tiene muy buen humor.
—A veces causan un dolor muy parecido —reflexiono—. Seba lo vivió así. Nunca quise lastimarlo, pero tampoco sabía cómo parar.
—¿No sabías… o no querías?
No contesto. Porque por primera vez no hay nada que defender. Sebastián no había hecho nada malo: no había dudas, no había mentiras, no había excusas. Y, sin embargo…
—No fue por falta de amor.
El Amor arquea una ceja.
—Bueno, sí… pero fue más falta de verdad. Me quedé cuando ya me estaba yendo. No era él.
Bajo la mirada, jugando con la botella de agua entre mis manos.
—A veces —digo en voz baja— lo difícil no es irse de donde duele… sino quedarse donde está bien.
El Amor no responde. Pero esta vez… no hace falta.