Algo que me ocurre desde chico y que, más que miedo o alguna sensación negativa, me causa bastante gracia es el hecho de que no puedo recordar caras. No es que me olvide de la gente como tal. Si conozco a alguien nuevo, al principio me cuesta mucho acordarme de la cara de esa persona. No es como que la olvide mágicamente o algo así, ya que esto es algo que incluso me sucede con mis familiares.
Digamos que estoy hablando con mi madre y, por razones varias, ella y yo nos separamos para que cada uno haga sus cosas. Si yo trato de pensar en cómo se ve, la forma de su cara, su altura, etc., me veo incapaz de hacerlo, más allá de cosas básicas como el color de pelo o alguna marca distintiva que posea, como demasiadas arrugas. Pero, al volver a verla, sé inmediatamente que es ella. Mi memoria sobre la cara de las personas parece estar ligada meramente a la presencia de dicha persona.
A menudo, al ver fotos viejas de mi familia, me percato de que mi abuela tenía el pelo teñido de rubio. Yo la veo cada fin de semana como mínimo. He pasado mucho tiempo con ella, incluso cuando su pelo estuvo teñido. Pero, antes de ver esa foto, me era imposible pensar que, de los 19 años que la conozco y estoy con ella, alguna vez se haya pintado el pelo de amarillo. Siempre la he recordado, hasta donde mi memoria me lo permite, con el pelo blanco y canoso con el que toda persona de su edad suele contar.
Esto no suele afectar mucho mi vida cotidiana. El hecho de que olvide cómo se ve alguien cuando no está presente, o de olvidar a los cinco minutos por completo al extraño que acabo de conocer, no me perjudica en lo más mínimo. Además, debido a que soy bastante reservado y no salgo mucho, creo que podría contar con los dedos de las manos, y quizá también con los de los pies, la cantidad de veces que esto me ha traído algún problema.
En un principio no iba a escribir sobre esto. De no ser por una charla que tuve con unos compañeros de la facultad, no lo estaría haciendo. Mientras intercambiábamos palabras, mencioné que no sería capaz de recordar sus rostros una vez me retirara. Sabía que no era algo tan común, pero pensé que tal vez alguno de ellos tendría el mismo "defecto" que yo.
Claramente no fue así. Después de ser bombardeado por preguntas sobre el tema y de dar el mismo ejemplo sobre mi madre, a quien aprecio mucho, por alguna razón uno de ellos pensó, más como una pregunta que como una afirmación, que quizá no era capaz de hacerlo porque esas personas no me importaban lo suficiente.
En su momento respondí con un rotundo "no", pero esa misma tarde me planteé que esa fuera una posibilidad. ¿Acaso mi propia familia me importa tan poco que ni me molesto en recordar sus caras? Esa idea la descarté casi de inmediato, ya que sería capaz de todo por ellos. La verdad no sé como sentirme con respecto a esto, como con casi todo creo que siento indiferencia es probable que luego de escribir esto simplemente lo deje en algún rincón de mi mente y nunca lo vuelva a tocar.