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CAPÍTULO XXXII: EL DESTINO

AEJOVENICH

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Qué conveniente.

Porque cuando todo estaba escrito, nadie tiene que hacerse cargo de nada. No fue él. Fue el destino. No fui yo. Fue el momento. No elegimos mal. La vida nos llevó hasta allí. No tomamos aquella decisión. Simplemente tenía que suceder.

Quizás existe el destino. No lo sé.

Y tampoco creo que tengamos que resolver ese misterio para vivir.

Porque, aunque exista algo que no podemos controlar, también existen nuestras decisiones. Existe la llamada que no hiciste. La puerta que cerraste. La mentira que dijiste. La persona que dejaste ir. La oportunidad que rechazaste porque tenías miedo. Existe ese momento en el que sabías que debías hablar y elegiste callarte.

Y después podemos llamarlo destino.

Pero ponerle otro nombre a una decisión no hace que deje de ser nuestra.

Hay algo tranquilizador en pensar que todo estaba escrito. Si salió mal, quizás tenía que salir mal. Si alguien se fue, quizás nunca estuvo destinado a quedarse. Si perdimos una oportunidad, quizás simplemente no era para nosotros.

Es una explicación perfecta porque no exige demasiadas preguntas.

Pero también puede quitarnos algo importante: la posibilidad de reconocer nuestra responsabilidad.

No toda culpa es útil, por supuesto. Hay cosas que ocurren sin que nadie las haya elegido. Hay accidentes, enfermedades, pérdidas, circunstancias que escapan completamente a nuestras manos. No todo lo que nos sucede es consecuencia de una decisión.

Pero tampoco podemos convertir el destino en una especie de papelera donde tiramos todo aquello que preferimos no asumir.

A veces fuimos nosotros.

Y admitirlo duele.

Duele reconocer que quizá pudimos haber llamado y no llamamos. Que pudimos haber pedido perdón y dejamos pasar los años. Que tuvimos miedo y ese miedo tomó una decisión por nosotros. Que alguien se fue y, aunque no fuéramos los únicos responsables, quizá tampoco hicimos todo lo que podíamos para que se quedara.

Aceptar eso no significa vivir castigándonos.

Significa entender que nuestras decisiones tienen consecuencias.

Y quizás eso sea precisamente lo que hace que nuestras elecciones importen.

Si todo fuera destino, ¿para qué pedir perdón?

¿Para qué intentar?

¿Para qué cambiar?

¿Para qué elegir?

Si todo estaba escrito desde antes, entonces incluso nuestras dudas, nuestros errores y nuestros esfuerzos formarían parte de un guion que nunca pudimos cuestionar.

Y no quiero vivir así.

No quiero mirar mi vida desde afuera como si simplemente me hubiera ocurrido.

Quiero poder decir: esto lo elegí. Esto lo hice mal. Esto lo hice bien. Aquí tuve miedo. Aquí fui valiente. Aquí debería haber hablado. Aquí debí haberme ido. Aquí me equivoqué. Aquí tuve una oportunidad y no supe verla.

No porque quiera controlar todo.

Sé que no puedo.

Hay cosas que nunca podremos controlar: lo que otros deciden, el momento en que algo termina, las circunstancias que aparecen sin avisar, las pérdidas que nadie pidió.

Pero entre lo que ocurre y lo que hacemos con ello existe un espacio que todavía nos pertenece.

Y en ese espacio elegimos.

Quizás algunas cosas estaban destinadas a suceder.

Quizás otras simplemente sucedieron.

No lo sé.

Lo que sí sé es que no quiero utilizar el destino para borrar mis decisiones.

Porque prefiero asumir que algunas veces me equivoqué a pensar que nunca tuve elección.

Prefiero pedir perdón por algo que hice que esconderme detrás de la idea de que “tenía que pasar”.

Prefiero aceptar que algunas páginas las escribí mal.

Porque si algunas páginas estuvieron escritas por circunstancias que no elegí, también hay páginas que todavía están en blanco.

Y quiero escribirlas yo.

Prefiero equivocarme con mis propias manos que acertar siguiendo un guion que nunca escribí.

#aejovenich #demoliendofrasesvacias #frasesvacías #historiasdevida

Thoughts

  • bsalas87

    La frase del destino casi nunca se usa para lo que salió bien. Nadie dice que fue el destino aprobar el examen que estudió, ahí el mérito se lo queda uno al tiro. Se saca para la llamada que no se hizo, y ahí funciona como coartada.

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  • correosinleer

    El destino como papelera de lo que no queremos asumir es la imagen que me llevo de toda la serie hasta ahora.

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