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Capítulo 41: Una ama demasiado inquieta

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Pensamiento

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calleyplaza

Si los NPC aprenden de lo que viven, como dice el artículo de los diez años de desarrollo, el sermón a Fern, Lyn y Regulus deja de ser chiste: Zeriska sabe lo que pasó en el bosque. Apuesto a que esa independencia choca el día que Aoi quiera algo arriesga

Si los NPC aprenden de lo que viven, como dice el artículo de los diez años de desarrollo, el sermón a Fern, Lyn y Regulus deja de ser chiste: Zeriska sabe lo que pasó en el bosque. Apuesto a que esa independencia choca el día que Aoi quiera algo arriesgado de verdad.

Contenido de la publicación

Las puertas de la posada se abrieron despacio, dejando salir al grupo mientras el sol iluminaba las calles llenas de vida. El bullicio de mercaderes, aventureros y transeúntes llenaba el aire, pero ninguna de ellas tenía idea de que, al mismo tiempo, todos los foros y redes del juego seguían ardiendo en discusiones sobre la dracónida que caminaba al lado de la famosa Domadora.

 

Aoi, ajena a todo eso, levantó los brazos con alegría y estiró la espalda hasta escuchar un leve crujido. Una sonrisa brillante iluminó su rostro:

 

—¡Por fin! Ahora sí puedo explorar todo lo que quiera —dijo dando un paso decidido hacia el camino que llevaba al bosque—. Ya no cambia de forma, así que aprovecharé para terminar de recorrerlo entero.

 

Pero apenas había avanzado unos centímetros cuando sintió que el suelo se alejaba bajo sus pies.

 

—¿Eh?

 

Miró hacia abajo: una mano grande y firme la sostenía suavemente por la parte trasera de su ropa, levantándola del suelo con la misma facilidad con la que alguien alza a un gatito. Aoi giró la cabeza y se encontró con la mirada tranquila y serena de Zeriska.

 

—Zeri… ¿qué haces?

 

La dracónida inclinó levemente la cabeza, sin dejar de sostenerla:

 

—Disculpe si soy impertinente, Ama. Pero usted regresó hace muy poco de una batalla contra una criatura de nivel legendario. Cruzó un bosque peligroso durante días, durmió muy poco, recibió heridas que aún no han sanado por completo… y su cuerpo pide reposo aunque usted no quiera escucharlo. Por lo tanto: hoy descansará.

 

Aoi parpadeó varias veces:

 

—Pero… ¡estoy bien! Quiero ir a ver qué hay más allá del río…

 

—Mañana —respondió Zeriska con calma absoluta.

 

—¡Pero es muy temprano!

 

—Mañana.

 

—¡Solo un ratito!

 

—Mañana.

 

No importaba cuánto se agitará, pataleará o suplicará: la expresión de Zeriska no cambiaba ni un ápice. Simplemente comenzó a caminar por la acera, llevándose a Aoi colgando de su mano como si fuera algo totalmente natural.

 

—¡Suéltame, por favor! —se quejaba la pequeña moviendo brazos y piernas en el aire sin lograr nada—. ¡Prometo no correr tanto!

 

—No —fue la única respuesta.

 

Fern observó la escena un instante, luego apartó la mirada con aire de quien piensa “tú te lo buscaste”. Lyn soltó un graznido alegre y se elevó en círculos sobre ellas; Puddle rebotaba detrás como si fuera lo más divertido del mundo; y Regulus caminaba tranquilamente junto a Zeriska, totalmente acostumbrado ya a que ella tomara las riendas cuando hacía falta.

 

Antes de doblar la esquina, Zeriska se detuvo un momento y miró a las hermanas:

 

—Señorita Kaede, señorita Hina. Aprovecharé para mostrarle la ciudad y que coma algo tranquilo antes de que descanse. ¿Les parece bien?

 

Kaede sonrió con ternura:

 

—Claro que sí, muchas gracias.

 

Hina levantó el pulgar con una sonrisa traviesa:

 

—Adelante. No te dejes convencer por ella.

 

Aoi abrió los ojos como platos y extendió las manos hacia ellas:

 

—¡¿Cómo que sí?! ¡Ayúdenme! ¡No me dejen con ella!

 

—Negativo —dijo Hina cruzándose de brazos.

 

—¿Por qué? ¡Soy la domadora del grupo!

 

—Porque siendo sinceras —respondió Kaede riendo suavemente—, hacía falta alguien que te pusiera un freno de verdad. Y parece que ella es la indicada.

 

Aoi se quedó inmóvil en el aire, mirando a una y otra, luego a Zeriska… y finalmente dejó caer los hombros con total derrota:

 

—¿Me han traicionado…?

 

—Completamente —confirmó Hina con una sonrisa satisfecha—. Disfruta tu descanso.

 

Zeriska asintió satisfecha y siguió su camino, con Aoi todavía colgando y balanceándose suavemente de un lado a otro, sin dejar de mirar atrás con una expresión que mezclaba indignación y resignación.

 

Los transeúntes y aventureros que se cruzaban con ellos se detenían uno tras otro, mirando con los ojos muy abiertos:

 

—¿Está… cargando a la Domadora?

 

—Parece que sí… ¿y ella no puede bajarse?

 

—Creo que la está castigando por irse de aventuras sin descansar… ¡qué miedo y qué ternura a la vez!

 

Varios sacaron sus dispositivos de inmediato. Minutos después, una nueva imagen llenaba los foros:

 

【NUEVA FOTO】La Maid Guerrera ahora lleva a la Domadora como si fuera una niña traviesa

 

Y las respuestas no tardaron en llover:

 

    JAJAJAJA ¡ahora sí se sabe quién manda de verdad!

    Confirmado: la dracónida es la verdadera jefa del grupo.

    Primero derrota a monstruos legendarios, ahora controla a la propia Domadora… ¡es perfecta!

    Pobre Aoi… aunque hace falta alguien que la cuide así.

    Alguien más piensa que esto es lo más tierno que ha visto en el juego?

 

Mientras tanto, Aoi seguía extendiendo la mano hacia donde sus hermanas se habían quedado:

 

—¡Hinaaa! ¡Kaedeee! ¡Volved!

 

Y ellas solo saludaron con la mano, sonriendo, viendo cómo Zeriska se alejaba con su pequeña ama colgando, convencida de que, por primera vez en mucho tiempo, alguien se había preocupado por ella lo suficiente como para decirle que no.

 

 

El recorrido continuaba por las calles llenas de gente, aunque para Zeriska era un paseo tranquilo y ordenado, para Aoi se sentía más como una escolta estricta sin derecho a réplica. La pequeña caminaba con los brazos cruzados y los mofletes ligeramente inflados, soltando quejidos cada poco paso:

 

—Todavía podríamos ir un ratito…

 

—No —respondía Zeriska sin dudar.

 

—Solo media hora…

 

—No.

 

—¿Ni siquiera diez minutos?

 

—No.

 

Aoi soltó un suspiro tan largo que pareció desinflarse por completo.

 

Detrás de ellas, Fern caminaba con la cabeza gacha; Lyn revoloteaba muy bajito, casi rozando el suelo; Regulus avanzaba sin hacer ruido; y Puddle rebotaba de un lado a otro como si nada pasara, aunque todos tenían ese aire de quien sabe que ha hecho algo mal y no se atreve a decir nada.

 

Aoi los miró de reojo:

 

—¿Por qué están tan callados todos? Parecen niños a punto de ser regañados.

 

Fern desvió la mirada despacio. Lyn soltó un silbido muy suave. Puddle se puso a observar una maceta con una atención exagerada. Incluso Regulus aceleró un poco el paso para no quedar a la vista.

 

—¿Qué pasó? —preguntó Aoi confundida.

 

Fue Zeriska quien respondió con total naturalidad:

 

—Los regañé.

 

Todos se quedaron inmóviles al instante. Aoi giró la cabeza lentamente hacia ella:

 

—¿…Los regañaste?

 

—Sí —asintió la dracónida—. Ninguno cumplió con su deber como correspondía.

 

Fern bajó aún más la cabeza mientras Zeriska comenzaba a explicar con seriedad:

 

—Fern, tú eres el más antiguo y el más fuerte. Tu deber no termina cuando acaba la batalla. También debes cuidar que ella no se exija más de lo que su cuerpo puede aguantar. Sabes que empuja sus límites hasta caer, y sin embargo la dejaste hacerlo.

 

El enorme lobo soltó un pequeño gemido bajo, reconociendo que tenía toda la razón.

 

—Lyn —continuó mirando hacia la pequeña ave que descendió despacio—, tú lo ves todo desde arriba. Si notas que lleva días sin descanso, debes avisar, no solo seguirla.

 

Lyn bajó el pico con un chillido apenado.

 

—Regulus —el joven wyvern apartó la mirada de inmediato—, eres pequeño todavía, pero debes aprender a estar a su lado también para decirle “ya basta”.

 

Y por último miró a Puddle, que la miraba con dos ojitos muy abiertos e inocentes:

 

—Y tú… no entendiste nada de lo que ocurrió, ¿verdad?

 

Puddle dio un saltito alegre. Zeriska suspiró:

 

—Lo imaginaba.

 

Aoi se llevó una mano a la cara:

 

—¿En serio les hiciste un sermón así?

 

—Sí —respondió ella—. Una buena sirvienta no solo cuida a su Ama. También cuida de quienes la acompañan, para que todos la protejan como se merece.

 

Fern soltó un suspiro largo, aceptando el regaño con total sumisión. Aoi miró a cada uno de sus compañeros: todos parecían realmente arrepentidos.

 

—No era para tanto…

 

—Sí lo era —la interrumpió Zeriska con suavidad—. Si el Gusano de Pantano no hubiera estado allí…

 

La frase se quedó en el aire. Nadie necesitó escuchar el resto. Aoi guardó silencio unos segundos y finalmente asintió:

 

—Está bien…

 

Mientras tanto, los transeúntes y comerciantes que pasaban cerca hacían verdaderos esfuerzos por mantener la compostura:

 

—¿Está… regañando a un Fenrir legendario?

 

—Y a un wyvern… y a la ave mística…

 

—Hasta el slime parece confundido… ¡es increíble!

 

Todos aguantaban la risa con todas sus fuerzas, algunos dándose la vuelta, otros llevándose la mano a la boca, temblando por contenerse.

 

El grupo siguió avanzando. Aoi compró pociones, ingredientes, materiales y una cantidad enorme de carne para Fern, refunfuñando todavía por lo bajo mientras Zeriska caminaba a su lado vigilando que no se desviara ni un instante.

 

Al doblar la esquina y desaparecer de la vista… la calle entera estalló en carcajadas.

 

—¡¡JAJAJAJA MIRARON LA CARA DEL FENRIR!!

 

—¡¡PARECÍA UN CACHORRO CASTIGADO!!

 

—¡¡Y EL WYVERN NO SE ATREVÍA A LEVANTAR LA VISTA!!

 

—¡¡NADIE LE HABÍA PUESTO FIRMES A TODAS ESAS CRIATURAS!!

 

A varias calles de distancia, Aoi estornudó de repente y miró a su alrededor:

 

—Siento que alguien se está riendo de nosotros…

 

—Seguramente es su imaginación, Ama —dijo Zeriska con total calma.

 

Fern, Lyn y Regulus se miraron entre sí. Ninguno tuvo el valor de decir en voz alta que, probablemente… su Ama tenía toda la razón.

 

Tras varias horas recorriendo la ciudad, comprando provisiones y —sobre todo— siendo obligado a descansar cuando no quería, Aoi finalmente abrió el menú del juego.

 

—Creo que ya es suficiente por hoy —dijo con resignación.

 

Zeriska hizo una pequeña reverencia:

 

—Espero que mañana amanezca completamente recuperado, Ama.

 

Aoi sonrió levemente:

 

—Sí, sí… ya entendí.

 

Fern soltó un suave gruñido de despedida, Lyn agitó las alas, Regulus levantó apenas la cabeza y hasta Puddle dio un pequeño salto.

 

—Nos vemos mañana —dijo Aoi, y pulsó el botón de desconexión. El mundo digital se desvaneció poco a poco.

 

Cuando volvió a abrir los ojos, lo recibió el techo blanco de su habitación. Se incorporó despacio sobre la cama y miró el reloj:

 

—¿Solo pasó medio día?

 

Dentro del juego habían transcurrido días enteros; en el mundo real apenas unas horas. Entonces su estómago rugió con fuerza. Bajó rápidamente las escaleras y encontró sobre la mesa un plato tapado y una nota: “Calienta la comida. - Hina”.

 

Aoi sonrió sin darse cuenta. Metió el plato al microondas y, mientras esperaba, volvió a subir con su comida y el portátil. Se sentó frente al escritorio, dio un pequeño bocado y abrió el navegador: había una duda que no dejaba de darle vueltas.

 

Escribió despacio: “Desarrollo de Eternal World Online IA NPC”. Entre los resultados, un título llamó su atención de inmediato: “Diez años de desarrollo: así nació la IA de Eternal World Online”.

 

Comenzó a leer:

 

    “Muchos creen que el largo desarrollo se debió solo a la cantidad de contenido. Pero el mayor desafío fue crear una inteligencia artificial completamente independiente. Nuestro objetivo nunca fueron diálogos prefabricados: queríamos que cada personaje aprendiera, desarrollara personalidad, recordara experiencias y cambiara según las acciones de los jugadores. Los monstruos también evolucionan emocionalmente, los habitantes crean vínculos, las ciudades se transforman… cuanto más interactúan con el mundo, más aprende el propio mundo.”

 

Aoi dejó lentamente los cubiertos sobre el plato.

 

—Con razón…

 

Pensó en Fern, en Lyn, en Regulus, en Puddle y, sobre todo, en Zeriska. Ninguno actuaba igual: tenían gustos distintos, formas propias de pensar, maneras únicas de demostrar cariño o enfadarse. No era que parecieran vivos: aprendían, crecían, igual que una persona.

 

Aoi sonrió levemente y cerró la pestaña. Cogió el teléfono y marcó un número. Al otro lado respondieron casi al instante:

 

—¡AOI!

 

La voz de Reika sonó tan fuerte que tuvo que alejar el móvil.

 

—Hola…

 

Y entonces llegó la voz de Reina, casi gritando:

 

—¡¡¡EXPLÍCATE!!! ¡¿QUÉ ES ESO DE UNA DRACÓNIDA?! ¡¿Y POR QUÉ LLEVA TRAJE DE MAID?! ¡¿Y DESDE CUÁNDO TIENES UNA NUEVA COMPAÑERA?! ¡¿Y POR QUÉ NOS ENTERAMOS POR LOS FOROS?! ¡¿Y QUIÉN ES ZERISKA?! ¡¿Y POR QUÉ TODO INTERNET HABLA DE TI?!

 

Las preguntas caían una tras otra sin dejarle respirar:

 

—¡¡Dicen que completaste un evento secreto!! ¡¡Que liberaste el tercer piso!! ¡¡Que conseguiste a una dracónida!! ¡¡Que hasta los monstruos te hacen caso cuando ella los regaña!!

 

Aoi esperó pacientemente casi un minuto hasta que hicieron una pausa para tomar aire:

 

—¿Ya terminaron?

 

Al otro lado hubo un silencio breve, y luego ambas gritaron al mismo tiempo:

 

—¡¡¡NO!!!

 

Y comenzó una segunda ronda, todavía más intensa. Aoi suspiró largamente: definitivamente, los foros eran mucho más rápidos que cualquier llamada.

 

Aoi suspiró por quinta vez. La videollamada ya llevaba casi una hora, y había tenido que pasar del teléfono al portátil para que las tres pudieran verse con más calma. O al menos, esa era la intención: porque desde el otro lado de la pantalla, Reika y Reina no dejaban de bombardearla a preguntas.

 

Cuando terminó de contar todo —cómo conoció a Zeriska, la colonia oculta, la Esfinge, la ayuda de Kyouka, la batalla y la decisión final de la dracónida—, ambas se quedaron en silencio absoluto.

 

Reina fue la primera en reaccionar, dejándose caer contra el respaldo de su silla:

 

—No podemos dejarte solo.

 

Aoi ladeó la cabeza, confundido:

 

—¿Eh?

 

—Te dejamos solo… ¿qué? ¿Medio día? —repitió ella contando con los dedos—. Y en ese tiempo: resuelves uno de los misterios más grandes del tercer piso, derrotas a un monstruo que ni siquiera pertenece a ese nivel sino al décimo, salvas a toda una raza… y encima consigues como compañera a una de las especies más raras y antiguas del juego. ¿Cómo haces esas cosas?

 

Aoi parpadeó:

 

—¿Era… tan extraño?

 

Las dos se miraron entre sí y luego volvieron a mirarlo. Reika golpeó suavemente el escritorio:

 

—¡¿EN SERIO LA ACEPTAS SIN SABER SIQUIERA QUÉ SON LOS DRACONIANOS?!

 

—Bueno… —se rascó una mejilla— no pregunté demasiado… ella quería venir conmigo.

 

—¡Ese no es el punto! —Reika respiró hondo para calmarse—. Escúchanos bien.

 

Abrió una ventana en su ordenador donde apareció la ilustración de un dragón imponente:

 

—Los dracónianos no son simples “hombres lagarto” ni una variante cualquiera. Se dice que descienden directamente de la sangre de los antiguos dragones. Por eso conservan cuernos, cola, escamas y una afinidad natural con el maná que nadie más posee.

 

Reina tomó la palabra:

 

—Pero lo realmente importante es su linaje.

 

En la pantalla aparecieron siete siluetas colosales, cada una con formas y colores distintos:

 

—Los Siete Dragones Primordiales. Se cree que son los guardianes fundadores de este mundo. Cada uno protege territorios inmensos, tan poderosos que actúan como los límites naturales del mapa. Nadie puede avanzar hacia nuevas zonas sin enfrentarse a ellos antes. Derrotar a uno solo es considerado el mayor logro posible para cualquier jugador.

 

Aoi abrió un poco más los ojos:

 

—¿Todos son así de fuertes?

 

—Muchísimo más —respondió Reika—. Y hace pocos meses ocurrió algo que dejó a todos confundidos: el símbolo del Dragón Primordial del Fuego desapareció sin dejar rastro. Nadie sabe si murió, si fue vencido o si simplemente decidió irse.

 

Aoi sintió un leve escalofrío, pero una pequeña sonrisa se le escapó al pensar: “Bueno… no desapareció. Solo decidió convertirse en un wyvern pequeñito y muy glotón…” Casi se ríe al recordarlo peleando con Fern por un trozo de carne, pero se guardó el comentario.

 

Reina siguió explicando:

 

—Pero hay algo más. Una leyenda antigua… una profecía que nadie había tomado en serio hasta hace poco.

 

Cambió la imagen por un mural antiguo, donde una figura femenina estaba rodeada por los siete dragones:

 

—Habla de la “Madre de los Dragones”. Se dice que cuando ella aparezca, todos los de sangre dracónica responderán a su llamada: dracónidos, wyverns, dragones menores y hasta los propios Primordiales. Por eso, cuando salió el aviso mundial mencionándola, todo el juego se volvió loco buscándola. Si esa persona existe de verdad… podría guiar a toda esa fuerza.

 

El silencio volvió a llenar la habitación. Aoi miró la pantalla, luego bajó la vista hacia un rincón donde había dejado su mochila, y volvió a sonreír para sí mismo: “Si supieran que el dragón perdido duerme encima de Zeriska y se queja cuando no le doy comida…”

 

Guardó el secreto para sí. Había cosas que todavía no estaban listas para ser dichas.

 

Aoi asimiló cada palabra, asintiendo despacio:

 

—Ya veo… definitivamente aprendí más en esta charla que en todo el tiempo que llevo jugando. Gracias por explicármelo con tanto detalle.

 

Reina se cruzó de brazos con tono de regaño:

 

—Y más te vale no volver a resolver secretos legendarios sin avisarnos antes.

 

Aoi soltó una risa suave:

 

—Lo intentaré… de verdad.

 

Estaba a punto de despedirse, pero Reina alzó la mano de golpe:

 

—¡Espera! Antes de cortar: más te vale dejarnos pasar tiempo con Zeriska la próxima vez que nos veamos.

 

—¿Eh? —Aoi ladeó la cabeza— ¿Por qué?

 

Reika suspiró llevándose una mano a la frente:

 

—Porque eres imposible… no te das cuenta de nada.

 

—¡Es una dracónida! —exclamó Reina, inclinándose tanto que casi llenó toda la pantalla— ¡¿Sabes lo increíblemente raro que es eso?! ¡Y encima con ese diseño de doncella guerrera! ¡Es exactamente lo que siempre imaginé, pero nunca creí posible!

 

Aoi se mordió el labio para no reírse al verla tan emocionada:

 

—Ya veo… te gusta su estilo.

 

—¡Me encanta! —Reina agitaba las manos sin parar— ¡Alta, elegante, con cuernos y cola, armadura integrada en el uniforme… es el diseño perfecto! ¡Tengo que dibujarla, hacer bocetos, probarle distintos estilos y poses!

 

Reika negó con una sonrisa resignada:

 

—Ya se le activó el lado otaku… perdónala.

 

—No te rías tú tampoco —reclamó Reina con los ojos brillantes— ¡Es en serio! Tienes que aprovechar que eres su compañero para presentárnosla.

 

—¿Compañero de quién? —preguntó Aoi confundido.

 

—¡De ti! —dijeron las dos al mismo tiempo— Eres la Domadora más famosa del juego ahora mismo.

 

Aoi se sonrojó levemente:

 

—Todavía no me acostumbro a que me llamen así…

 

—Pues acostúmbrate —dijo Reina con una sonrisa enorme—. Así que queda pactado: la próxima vez que juguemos todos juntos, quiero sentarme a almorzar con ella.

 

—¿Y yo no? —bromeó Aoi con fingido enfado.

 

—Tú también vienes, claro —respondió ella con total naturalidad— pero ella es la prioridad ahora.

 

Aoi negó con la cabeza riendo:

 

—Qué mala eres… pero está bien. Estoy seguro de que a Zeri no le importará en absoluto.

 

—¡Sí! —Reina dio un saltito de alegría—

 

—Pero una cosa —Aoi levantó un dedo—: no la asusten ni la bombardeen a preguntas de golpe.

 

—¿Nosotras? —fingieron inocencia.

 

—Sí, ustedes —sonrió él—. Reina, no saques el cuaderno de dibujo delante de ella sin avisar primero. Y tú, Reika, no empieces a preguntarle por linajes antiguos de golpe.

 

—Prometo vigilarla —dijo Reika riendo.

 

—¡Oye! —se quejó Reina.

 

Las tres terminaron riendo juntas.

 

—Bueno, ya es tarde —dijo Aoi—. Descansen.

 

—Tú también —respondieron al unísono—. Nos vemos mañana.

 

La pantalla se apagó y el silencio volvió a llenar la habitación. Aoi se reclinó en la silla y soltó un largo suspiro:

 

—Vaya día… conocí a una nueva compañera, descubrí todo lo que se ocultaba detrás de los dracónidos, y ahora hasta Reina está enamorada de su diseño…

 

Una sonrisa tranquila se le dibujó en el rostro mientras apagaba la luz:

 

—Estoy seguro de que se llevarán de maravilla.

 

Mientras tanto, en miles de pantallas por todo el mundo, seguían apareciendo nuevos mensajes, teorías y capturas sobre la misteriosa Doncella Guerrera Dracónica que había elegido seguir a la Domadora más impredecible de Eternal World Online. Y nadie imaginaba todavía que esa elección cambiaría el destino de todo el juego.

Thoughts

  • sprintFallido

    Che, el Fenrir legendario con la cabeza gacha y Puddle mirando una maceta para hacerse el distraído me mató.

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  • calleyplaza

    Si los NPC aprenden de lo que viven, como dice el artículo de los diez años de desarrollo, el sermón a Fern, Lyn y Regulus deja de ser chiste: Zeriska sabe lo que pasó en el bosque. Apuesto a que esa independencia choca el día que Aoi quiera algo arriesgado de verdad.

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