Hina preguntando a cuál de las dos le va a tener que decir hermana es lo mejor del capítulo, no manches. El abrazo con Kaede después me bajó el volumen de golpe, yo me quedaba en el caos del pasillo.
Capítulo 30: no los volveré a perder
El aire en la habitación ya no pesaba como el día anterior. Había desaparecido la tensión, el miedo y la desesperación que habían acompañado cada segundo de la batalla. Solo quedaba un silencio…
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Hina preguntando a cuál de las dos le va a tener que decir hermana es lo mejor del capítulo, no manches. El abrazo con Kaede después me bajó el volumen de golpe, yo me quedaba en el caos del pasillo.
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El aire en la habitación ya no pesaba como el día anterior. Había desaparecido la tensión, el miedo y la desesperación que habían acompañado cada segundo de la batalla. Solo quedaba un silencio suave... y un silencio mucho más incómodo para Aoi: el de dos chicas que hacían un esfuerzo titánico por no estallar en risas.
Reika sostenía tranquilamente el vaso de jugo que Hina les había dejado antes de bajar. A su lado, Reina tenía ambas manos apretadas contra la boca, y sus hombros temblaban de vez en cuando, como si estuviera aguantando el aire.
Aoi las miraba desde el otro lado de la mesa baja. Seguía con la misma sudadera de crema, pero ahora se había soltado el cabello: los mechones negros le caían sobre la cara, ocultando parte de su rostro, aunque la capucha con esas dos pequeñas orejas redondas seguía puesta. Lejos de verse serio o imponente, la combinación lo hacía ver aún más tierno, como un gatito que intenta hacerse el fuerte.
Poco a poco, infló las mejillas en un evidente puchero.
—...
Reina desvió la mirada al instante, repitiéndose en silencio: No te rías, no te rías, no te rías... Era imposible. Cada vez que veía moverse las orejas de la capucha, las ganas de reírse aumentaban.
Fue Reika quien rompió el silencio.
—Aoi... —él levantó apenas la vista—. Ya cálmate. No vamos a contarle esto a nadie, te lo prometo.
—Nadie sabrá que usas un pijama de gatito —añadió Reina asintiendo con energía.
Silencio. Aoi volvió a hinchar las mejillas aún más.
—No es un pijama de gatito... —refunfuñó bajito.
Esperaron unos segundos.
—...Es mi pijama favorito.
Las dos tuvieron que agachar la cabeza al mismo tiempo; los hombros volvieron a temblar.
—¡No se rían! —protestó él, señalándolas con el lápiz que tenía en la mano.
—¡No lo hacemos! —dijo Reina levantando ambas manos en señal de inocencia—. Es solo que... ¡no te imaginábamos así!
—¿Así cómo?
Reika sonrió suavemente.
—Adorable.
Aoi se quedó inmóvil. Dos segundos después, su cara se tiñó de rojo intenso de nuevo.
—¡¡N-No soy adorable!!
—Ajá —respondieron las dos al unísono.
Él cruzó los brazos, giró un poco la cabeza y puso una expresión de total indignación. Pero lo único que consiguió fue verse todavía más tierno. Reina ya no pudo aguantar más y soltó una risita, seguida pronto por la risa de Reika.
—Perdón... de verdad —dijo Reika recuperando el aliento—, pero es que no podemos evitarlo.
Aoi soltó un largo suspiro.
—Las dos son malas personas...
—Solo un poquito —convino Reina entre risas.
Poco a poco el ambiente se relajó por completo. Reika dejó su vaso sobre la mesa y notó entonces las hojas esparcidas alrededor: llenas de esquemas, flechas, dibujos del laberinto, anotaciones sobre las habilidades de cada uno de sus compañeros, hasta una recreación aproximada de la forma de la Esfera de Dyson.
—¿Podemos verlas? —preguntó tomando una hoja con cuidado.
Aoi asintió despacio.
—Sí.
—¿Estabas... analizando todo lo que pasó? —preguntó Reina acercándose.
—Sí —respondió él, girando el lápiz entre los dedos—. Cuando volví ayer... al principio solo podía pensar en Fern, en Lyn, en Regulus. Verlos desaparecer uno tras otro fue muy duro.
Hizo una pausa, mirando los dibujos.
—Pero después, cuando se me pasó el susto y el nudo en el estómago, me di cuenta de algo: si ganamos, fue gracias a ellos. Fern nos dio toda la movilidad que necesitábamos. Lyn nos salvó de caer en trampas mortales. Regulus nos protegió hasta que no pudo más. Y Puddle... bueno, Puddle fue quien cerró el trato. Ellos hicieron mucho más que yo.
Reina negó con la cabeza con firmeza.
—No es así, Aoi. Ellos hicieron todo eso porque confiaban en ti. Lyn se lanzó porque sabía que tú encontrarías la salida. Regulus siguió de pie porque creía en tus decisiones. Fern te lanzó al vacío porque estaba seguro de que llegarías hasta el final.
La habitación quedó en silencio.
—Así que no cargues con toda la culpa —continuó ella—, ni con todo el mérito. Ganaron juntos, como un equipo.
Aoi se quedó callado unos segundos largos. Luego, poco a poco, una sonrisa pequeña pero sincera apareció en sus labios.
—Gracias —dijo suavemente—. Aun así... la próxima vez no quiero volver a pasar por esto. No quiero ganar si tengo que verlos desaparecer otra vez.
Su mirada se volvió seria, y tomó el lápiz para escribir una nota nueva:
Buscar estrategias defensivas alternativas.
Otra más:
Reducir el desgaste de energía de Fern.
Proteger mejor a Lyn y Regulus en momentos críticos.
Y al final:
Puddle: aumentar recuperación de maná, aprender nuevas habilidades de apoyo.
Reika y Reina lo miraron en silencio, entendiendo al instante: Aoi no se estaba quedando en el dolor del pasado. Ya estaba trabajando para cambiar el futuro.
—Así eres tú —pensó Reika con orgullo.
—Mientras todos celebran tu victoria —pensó Reina—, tú ya estás pensando en cómo ser mejor para quienes te acompañan.
Y en ese momento comprendieron por qué nadie dejaba de sorprenderse con él: no era el más fuerte, ni el más famoso, pero sí era el único que nunca dejaba de esforzarse por quienes quería.
El silencio volvió a llenar la habitación, pero esta vez era ligero, cálido y cómodo. Los tres permanecían juntos alrededor de la mesa baja, observando con atención los apuntes y esquemas que Aoi había dibujado.
Reika tomó uno de los planos del laberinto y lo acercó un poco.
—¿Puedo hacerte una observación? —preguntó.
Aoi levantó la vista al instante.
—Claro que sí.
—Desde donde nosotros veíamos la transmisión —explicó ella, marcando con el lápiz uno de los anillos exteriores—, podíamos ver casi toda la estructura. Cuando llegaste a esta zona, tú no pudiste notarlo porque estabas concentrado en esquivar los ataques, pero hubo un camino mucho más directo hacia el centro que apareció solo unos segundos.
—¿De verdad? —Aoi abrió los ojos con sorpresa.
Reina tomó otro lápiz y dibujó una flecha clara.
—Sí. Pero desapareció muy rápido. Si Lyn no hubiera estado explorando por las alturas, probablemente ni siquiera nosotras lo habríamos visto.
Aoi agarró su cuaderno y escribió de inmediato:
Los espectadores tienen una visión distinta a la del jugador. Una perspectiva externa puede revelar patrones que desde dentro pasan desapercibidos.
—Exacto —asintió Reika con una sonrisa.
Así pasaron el tiempo: Aoi contaba qué pensaba en cada paso, Reika señalaba lo que se veía desde la cámara general, y Reina añadía detalles que había captado en las repeticiones. Poco a poco, las hojas se llenaron de nuevas ideas, correcciones y puntos a tener en cuenta.
—Aquí —dijo Reina señalando un dibujo de la prisión de agua—, cuando la usaste, todos pensamos que solo querías inmovilizar a Argos.
—En realidad —aclaró Aoi— necesitaba que el agua estuviera completamente quieta. Las ondas de sonido viajan mucho mejor así.
—Ahora todo tiene sentido —dijo Reika, asombrada.
Aoi siguió anotando:
Explicar el porqué de cada movimiento antes de ejecutarlo. No suponer que el enemigo reaccionará igual que los anteriores.
Reina tomó otra hoja y miró a Aoi con curiosidad.
—Y tengo una duda: ¿qué habrías hecho si las abejas no hubieran funcionado?
Él se quedó pensando unos segundos y luego soltó una risa suave.
—La verdad... no lo sé. Las llevaba como última opción. Si fallaban, habría tenido que inventar algo nuevo en el momento.
Reina suspiró con una sonrisa.
—Definitivamente tú y la palabra "normal" no se llevan nada bien.
Aoi inclinó la cabeza, confundido.
—¿Eso fue un cumplido?
—...Más o menos —respondió ella, y los tres terminaron riéndose juntos.
Sin darse cuenta, había pasado casi una hora entera. La mesa estaba cubierta de anotaciones, habían arreglado errores y descubierto detalles que ninguno había visto durante la batalla.
Aoi miró todo el trabajo hecho y sonrió satisfecho.
—Esto nos servirá mucho para la próxima vez.
—Y ya no tendrás que empezar desde cero —añadió Reika.
En ese preciso instante...
Ding.
Una luz pequeña apareció en la pantalla de la tablet que estaba sobre la mesa. Los tres giraron la cabeza al mismo tiempo.
Aoi tomó el dispositivo con ambas manos.
—¿Qué será? —murmuró.
Deslizó el dedo para leer. Al principio frunció el ceño, confundido. Luego leyó una vez más, y sus ojos se fueron abriendo poco a poco. La sorpresa dio paso a una inmensa calma, y hasta se le humedecieron ligeramente las pestañas.
—¿Aoi? —preguntó Reika suavemente.
Él no respondió de inmediato. Solo sonrió, muy despacio, como si por fin soltara un peso que le había apretado el pecho durante todo el día.
—Bienvenidos de vuelta... —susurró casi sin voz.
Reina y Reika se acercaron, y él giró la pantalla hacia ellas. Allí, en letras brillantes, decía:
━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
Compañeros recuperados
✅ Fern
✅ Lyn
✅ Regulus
Estado: Disponibles.
Tus compañeros te esperan nuevamente.
━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
Las dos chicas sonrieron con ternura al instante.
Aoi volvió a mirar la notificación, y acarició la pantalla con el dedo, como si pudiera tocarlos a ellos. Aunque sabía que volverían, verlo escrito así era muy distinto: la culpa y la tristeza que había cargado todo el día se desvanecieron por completo, dejando lugar a una alegría inmensa.
—Qué alivio... —dijo con voz entrecortada.
—Te lo dijimos —recordó Reika—: nunca se fueron para siempre. Solo necesitaban descansar.
—Lo sé —asintió él—, pero verlos otra vez aquí... es como si todo volviera a estar en su sitio.
Por primera vez desde la batalla contra Argos, su mirada volvió a estar completamente tranquila. Fern, Lyn y Regulus ya lo esperaban. Y la próxima vez que entrara al juego, no iría solo: volverían a estar juntos, los cuatro, listos para seguir caminando.
El ambiente en la habitación era ahora totalmente relajado. Las hojas con esquemas y anotaciones seguían esparcidas sobre la mesa baja, y los tres seguían comentando detalles de la batalla, añadiendo ideas nuevas de vez en cuando. Aoi parecía mucho más ligero desde que había visto el aviso: esa culpa que le había pesado todo el día por fin se estaba yendo, reemplazada por alivio y tranquilidad.
Entonces...
Toc, toc.
La puerta se abrió despacio.
—Traje algo para que coman —dijo Hina entrando con una bandeja llena de bocadillos calientes, galletas y cuatro vasos humeantes—. Han estado hablando toda la tarde; si siguen así, se les va a olvidar alimentarse.
Fue colocando todo con cuidado sobre la mesa.
—Gracias —respondieron los tres casi al mismo tiempo.
Hina levantó la vista y sonrió. Pero no era su sonrisa habitual: era una sonrisa brillante, traviesa, de esas que solo se le ponen cuando se le ocurre alguna travesura.
Aoi levantó la mirada despacio, y el corazón se le encogió. Conozco esa sonrisa... Cuando la hace, algo muy malo va a pasar.
—Hina... —empezó a decir, con tono de advertencia.
Ella no respondió. Simplemente tomó un cojín, se sentó tranquilamente junto a ellos y miró primero a Reika, luego a Reina, y finalmente a su hermano, sonriendo todavía más.
—Solo estaba pensando...
—¡¡NO LO PIENSES!! —gritó Aoi de golpe, abriendo mucho los ojos.
Pero ya era demasiado tarde. Hina habló con la mayor naturalidad del mundo:
—¿A cuál de las dos tendré que empezar a decirle "hermana" cuando se casen con Aoi?
...
Silencio absoluto.
—¡¡PFFFFFT!! —Reina escupió todo el jugo que acababa de beber, y empezó a toser desesperadamente—. ¡¡COF! ¡COF!
Reika intentó aguantarse, pero terminó atragantándose también, con los ojos llenos de lágrimas.
—¡¡¿Q-QUÉ?!! —logró balbucear Reina, toda roja como un tomate.
Aoi se quedó clavado en el sitio, como si le hubieran quitado el aire. Su mente se quedó en blanco unos segundos, y luego su cara pasó de un leve rubor a un rojo intenso, hasta las orejas.
—¡¡¡¡HIIIIINAAAAAA!!!! —gritó levantándose de golpe—. ¡¡¿CÓMO SE TE OCURRE DECIR ESO DE LA NADA?!!
Hina inclinó la cabeza, como si no entendiera el problema.
—¿Qué pasa? Es una duda muy normal.
—¡¡TODO PASA!! —Aoi se llevó las manos a la cabeza, desesperado—. ¡¡NO ES NORMAL EN ABSOLUTO!!
—A ver —empezó a contar con los dedos, muy tranquila—: eres muy callado, casi no sales, casi no hablas con nadie... y las únicas amigas que te conozco son ellas.
Señaló suavemente a las dos chicas, que no sabían dónde meterse.
—Así que estadísticamente —continuó con total seriedad—, lo más probable es que una de ellas termine siendo tu esposa.
—¡¡COF! ¡COF! —volvieron a atragantarse ambas al mismo tiempo.
—¡¡HINA!! —Aoi ya no pudo más: se lanzó sobre su hermana para intentar taparle la boca.
—¡¡DEJA DE DECIR ESAS COSAS SIN SENTIDO!!
Hina se reía mientras intentaba apartarlo.
—¡Si solo estoy siendo realista!
—¡¡NO ERES REALISTA, ERES UNA LOCA!! —Aoi no dejaba de taparle la boca—. ¡¡CÁLLATE, POR FAVOR!!
Ella consiguió liberar una mano.
—¡Pero todavía no me respondes! ¿Prefieres a Reika?
—¡¡NO!!
—¿A Reina entonces?
—¡¡TAMPOCO A NADIE!!
Reina se cubría la cara con ambas manos.
—N-no digas esas cosas tan tranquila... por favor...
Reika tenía las orejas ardiendo.
—Hina-san... eso es demasiado vergonzoso...
—¿Ven? —señaló Hina divertida—. Hasta se ponen rojas. Eso significa algo, ¿no?
—¡¡NO SIGNIFICA NADA!! —gritó Aoi, empujándola suavemente hacia la puerta—. ¡¡BASTA YA!!
Siguieron forcejeando torpemente, como dos niños pequeños peleando por un juguete, hasta que Aoi consiguió empujarla fuera de la habitación.
—¡¡FUERA!!
—¡Pero si solo iba a preguntar cuál de las dos cocina mejor! —se quejó ella desde el pasillo.
—¡¡¡FUERA DE AQUÍ Y NO VUELVAS A ENTRAR!!! —cerró la puerta de golpe con un fuerte ¡PAM! y se apoyó contra ella, respirando agitado.
Desde afuera todavía se escuchó la voz alegre de Hina:
—¡Avísame cuando se decidan! ¡Te espero en la cocina!
—¡¡NO HAY NADA QUE DECIDIRSE!! —respondió él, hundiendo la frente en la madera.
Pasaron unos segundos de silencio. Aoi se giró despacio hacia ellas: las dos seguían con la cara encendida, sin saber dónde mirar. Él también seguía rojo, y hizo una pequeña reverencia con expresión de derrota.
—P-por favor... no le hagan caso... siempre dice la primera tontería que se le ocurre sin pensar... Tiene esa mala costumbre desde que era pequeña.
Suspiró muy hondo, mirando la puerta con indignación.
—A partir de ahora tengo prohibida la entrada a mi cuarto. Y la próxima vez le pondré seguro desde adentro.
Las dos chicas lo miraron: seguía con esa sudadera de orejas de gato, todo rojo y molesto, y la imagen era tan tierna como divertida. No pudieron aguantarse más y empezaron a reír, primero suavemente y luego con ganas. Aoi al principio puso cara de ofendido, pero poco a poco una pequeña sonrisa se le escapó, y terminó riéndose con ellas.
Por fin, todo el peso y la preocupación del día se habían ido por completo.
Las risas de Reika y Reina no terminaban de apagarse. Aoi se dejó caer contra la pared, se cubrió la cara con las manos y suplicó con voz apagada:
—Por favor... de verdad... olviden todo lo que dijo Hina. No le den ninguna importancia, ¿sí? Fue solo una broma tonta.
Pero eso fue como echarle leña al fuego: al verlo tan apenado y suplicante, las dos chicas soltaron una carcajada aún más fuerte.
—¡Es que es imposible no acordarse! —decía Reina entre risas.
—Sobre todo con la cara que pusiste —añadió Reika, secándose una lágrima—. Parecías un tomate.
—¡P-por favor! —repitió él, hundiendo la cara entre las rodillas.
En ese preciso instante, la puerta comenzó a girar sobre sus bisagras de nuevo.
Aoi se puso de pie de un salto, con los ojos brillando de indignación. Estaba seguro de que era Hina volviendo para seguir molestando.
—¡YA BASTA! —gritó corriendo hacia la puerta—. ¡TE DIJE QUE NO ENTRARAS!
Estiró la mano para cerrarla de golpe, pero el pomo se le escapó de los dedos resbaladizos. La puerta se abrió por completo y él perdió el equilibrio, cayendo hacia adelante con los brazos extendidos.
Sin embargo, no sintió el suelo.
Lo que lo recibió fue algo suave, cálido y firme: cayó justo contra el pecho de quien acababa de entrar.
Levantó la vista despacio, con el corazón a punto de salírsele del pecho. No era Hina. Era Kaede.
Ella no retrocedió, no se sorprendió ni se apartó. Solo sonrió con esa calma que siempre la caracterizaba, apoyó una mano suavemente sobre su espalda y con la otra comenzó a acariciarle el cabello despacio, como hacía cuando eran pequeños.
—Cuidado, hermanito —le dijo con voz dulce y baja—. Correr así sin mirar es peligroso. Un golpe en el suelo no te vendría bien ahora que necesitas descansar tanto el cuerpo como la mente.
Aoi se quedó quieto, sin saber qué hacer. Su cara ya estaba ardiendo por lo anterior, y ahora se sentía aún más rojo, pero al mismo tiempo... esa sensación familiar lo envolvió por completo. El ritmo tranquilo del corazón de Kaede contra su oreja, el aroma que siempre la acompañaba, el movimiento suave de sus dedos en su cabello... todo eso había sido su refugio desde que tenía memoria. Cuando era pequeño y se asustaba, cuando se caía y lloraba, cuando algo le salía mal y se sentía solo: Kaede siempre lo abrazaba así, y todo parecía volver a estar bien.
Aunque ya era mayor, aunque sabía que debería apartarse y actuar como corresponde, su cuerpo no le hizo caso. Se sintió tan seguro, tan tranquilo, que terminó apoyando la frente contra su hombro y dejándose llevar.
Kaede sonrió más al notarlo, y le dio unas palmaditas suaves en la espalda antes de mirar a Reika y Reina, que observaban la escena con una sonrisa tierna.
—Veo que Hina ya pasó por aquí y lo dejó muy apenado —dijo ella, sin dejar de acariciar la cabeza de Aoi—. Siempre hace lo mismo, no sabe dejarlo tranquilo. Pero bueno... parece que a ti no te molesta demasiado que te consuele, ¿verdad, hermanito?
Aoi se hundió un poco más en su pecho, escondiendo la cara por completo.
—N-no es eso... —murmuró apenas audible.
Reina soltó una risita suave.
—Es muy tierno... —dijo en voz baja.
—Se nota que se siente muy seguro contigo —añadió Reika.
Kaede asintió y le dio un pequeño apretón cariñoso.
Aoi se puso aún más rojo si cabe, y apretó ligeramente la camisa de Kaede con los dedos, sin querer soltarse del todo.
Kaede esperó unos segundos más, disfrutando de ese abrazo, antes de hablar de nuevo:
—Bueno, venía a proponerles algo. El fin de semana iremos todos a la playa. Mamá y papá también vendrán, así que será un día entero sin prisas, sin pantallas, sin preocupaciones. Creo que le vendrá de maravilla respirar aire salado, caminar por la arena y olvidarse un rato de todo lo que pasó en el juego. —Miró directamente a Reika y Reina—. Y me haría mucha ilusión que ustedes también vinieran. Sería mucho más divertido, y sé que a él le gustaría mucho que estén ahí. ¿Qué dicen?
—¡Nos encantaría! —respondió Reina al instante, con los ojos brillantes.
—Sí, por supuesto —dijo Reika asintiendo con energía—. Nos parece una idea perfecta.
Kaede sonrió satisfecha, y volvió a mirar a su hermano, que seguía escondido en su hombro.
—¿Tú qué dices, Aoi? —le preguntó suavemente—. ¿Te apetece ir a la playa con nosotras?
Él levantó la cabeza despacio, con la cara todavía encendida, pero con una sonrisa pequeña y sincera en los labios. Miró a Kaede, luego a Reika y Reina, y asintió despacio.
—Sí... —murmuró—. Me gustaría mucho.
Kaede le dio un besito suave en la coronilla y volvió a acariciarle el cabello.
—Entonces está decidido. Iremos todos juntos. Y nadie hablará de batallas, ni de estrategias, ni de nada serio. Solo disfrutaremos del día.
Aoi cerró los ojos un instante, sintiendo cómo todo el peso que llevaba encima desaparecía por completo. Mientras Kaede siguiera acariciándolo así, mientras ellas estuvieran a su lado, sabía que nada podría salir mal.
Thoughts
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PermalinkAoi inflando los mofletes con la capucha de orejitas puesta. ¡Yo también me habría reído, lo siento por él! 😂
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PermalinkHina preguntando a cuál de las dos le va a tener que decir hermana es lo mejor del capítulo, no manches. El abrazo con Kaede después me bajó el volumen de golpe, yo me quedaba en el caos del pasillo.
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PermalinkLa lista de notas de Aoi despues de la batalla me hizo pensar en como se revisa una partida con amigos, aunque aqui la ganaron: Reika y Reina mirando desde la transmision ven el atajo que el no pudo ver desde dentro. Apuesto a que esa vista de fuera va a volver en la proxima pelea, y que Puddle con mas mana le cambia la forma a todo el grupo.
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PermalinkUna hora entera repasando apuntes con dos amigas y la hermana entrando con bandeja. Ese chaval acaba de jefe de grupo quiera o no.
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