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Capítulo 17: Un nuevo incidente

DNavarrete
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El timbre resonó por todo el edificio con su tono claro y agudo, anunciando el inicio del descanso. En cuestión de segundos, el silencio tranquilo de las aulas se transformó en un murmullo…

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Pensamiento

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MarianelaVidal

Miyu gritando que el traje era suyo y que se lo hicieron a medida hace dos años me dolió más que el botón. Alguien te tomó las medidas una vez y esa versión tuya ya no existe, y eso duele más que la tela. Yo coso en casa y lo veo seguido: la gente trae un

Miyu gritando que el traje era suyo y que se lo hicieron a medida hace dos años me dolió más que el botón. Alguien te tomó las medidas una vez y esa versión tuya ya no existe, y eso duele más que la tela. Yo coso en casa y lo veo seguido: la gente trae una prenda y lo que pide que le acomode es el tiempo. Apuesto a que Miyu termina posando de nuevo para el club antes del viernes, aunque diga que ni hablar.

Contenido de la publicación

El timbre resonó por todo el edificio con su tono claro y agudo, anunciando el inicio del descanso. En cuestión de segundos, el silencio tranquilo de las aulas se transformó en un murmullo constante: risas, pasos rápidos, voces que se llamaban de un lado a otro y el sonido de las sillas arrastrándose. Los pasillos volvieron a cobrar vida con el bullicio habitual de la escuela.

 

—¿Dónde está Lilia? —preguntó Miyu, asomando la cabeza por la puerta mientras salía del salón y recorría con la mirada el pasillo.

 

Kaede levantó la vista de inmediato, como si esa pregunta encendiera una alarma interna. Sus ojos fueron directos al asiento vacío que había quedado en la primera fila.

 

—Hace solo un momento estaba aquí, tomando notas y revisando los libros de texto...

 

Ren ajustó sus gafas con un movimiento lento y reflexivo, mirando también hacia la salida.

 

—Yo pensé que había salido con ustedes para ir al patio o a la cafetería.

 

Ambas chicas negaron al mismo tiempo.

 

Se hizo un pequeño silencio entre los tres.

 

No era nada extraño que un estudiante se ausentara unos minutos: podía ir al baño, buscar un libro o simplemente estirar las piernas. El problema era que esa estudiante era Lilia. Y desde que había llegado, había demostrado una habilidad casi sobrenatural para convertir cualquier situación ordinaria en un suceso inesperado, confuso y, a menudo, costoso para la escuela.

 

Miyu cruzó los brazos sobre el pecho y frunció el ceño.

 

—Esto no me da buena espina. Nada buena.

 

—Solo han pasado unos minutos —intentó tranquilizarla Kaede, aunque en el fondo también sentía ese pequeño nudo de preocupación—. Quizás se detuvo a mirar algo en los pasillos.

 

—Precisamente por eso —respondió Miyu con tono serio—. Con Lilia bastan cinco minutos de soledad para arrancar otra puerta, doblar una reja o decidir que una ventana es una salida más eficaz.

 

Ren asintió con mucha gravedad, como si estuviera analizando datos estadísticos.

 

—Estadísticamente hablando, su probabilidad de generar un incidente en menos de diez minutos es bastante alta. Es un patrón que ya hemos observado.

 

Kaede suspiró, llevándose una mano a la frente.

 

—Gracias, Ren. Realmente me ayudas a estar más tranquila.

 

Sin perder más tiempo, los tres se separaron para cubrir todas las zonas posibles.

 

Miyu salió corriendo hacia el patio, donde la luz del sol iluminaba los árboles y los bancos llenos de alumnos.

 

Ren recorrió el ala más tranquila, revisando los laboratorios, las salas vacías e incluso la enfermería por si acaso se había sentido mal —aunque todos sabían que eso era casi imposible.

 

Kaede, por su parte, caminó con paso rápido hacia el ala trasera, directo a la biblioteca... por si acaso, se repetía a sí misma.

 

Pero después de veinte minutos de búsqueda, volvieron a encontrarse en el pasillo principal, y todos tenían la misma expresión: preocupación.

 

—Nada en el patio —informó Miyu, un poco sin aliento.

 

—Tampoco está en los laboratorios ni en las salas de estudio —añadió Ren, bajando la mirada.

 

Kaede negó lentamente con la cabeza.

 

—Y en la biblioteca no hay rastro. Shiori estaba ordenando estanterías y dijo que no había entrado en toda la mañana.

 

El silencio volvió a instalarse, pero esta vez era más pesado.

 

—Esto ya empieza a ponerse serio... —murmuró Kaede, pensando en todas las posibilidades que podían salir mal.

 

Miyu levantó un dedo, dispuesta a analizar la situación con lógica —o al menos con la lógica que funcionaba con Lilia.

 

—Vamos a repasar las opciones más probables.

 

—Primera posibilidad —empezó Ren—: encontró otra puerta, cerradura o barrera que le pareció innecesaria.

 

—No quiero ni imaginarme el estado en que estará el edificio si es así —suspiró Kaede.

 

—Segunda posibilidad —continuó Miyu—: algún club o grupo de estudiantes la vio y la "secuestró" para alguna actividad.

 

—Eso suena ridículo —respondió Ren al instante.

 

—¿Ridículo? —Miyu señaló con la cabeza hacia el final del pasillo, donde varios grupos de chicas y chicos pasaban mirando hacia todos lados con curiosidad—. ¿No te has fijado cómo la miran desde que llegó? Para muchos, parece que bajó de una leyenda o de un cuento de hadas. No me extrañaría que alguien quiera usarla para algo.

 

Ren se quedó pensando unos segundos, y luego ajustó sus gafas con una mueca de resignación.

 

—...Retiro lo dicho. Tienes razón. Es totalmente posible.

 

Kaede soltó un suspiro largo.

 

—Lo único que me preocupa es que, con su forma de ver el mundo, seguro que aceptó sin entender bien de qué iba la cosa. Si le dicen que es una tarea o un deber, no pregunta más.

 

Justo en ese momento, una voz tranquila y serena sonó a sus espaldas.

 

—¿Buscan a la señorita Haruno?

 

Los tres se giraron al mismo tiempo, casi al unísono.

 

Era Shiori Mizuno, la bibliotecaria. Caminaba con su paso lento y elegante, llevando un libro grueso apretado contra el pecho y con esa expresión calmada que parecía no alterarse por nada.

 

—¡Shiori! —exclamó Kaede, acercándose aliviada—. ¿La ha visto? ¿Sabe dónde está?

 

La bibliotecaria asintió con naturalidad.

 

—Sí, la vi hace unos veinte minutos, justo cuando salía de la biblioteca.

 

—¿Y dónde fue? —preguntó Miyu casi sin respirar.

 

—Un grupo de estudiantes se le acercó y la invitaron a acompañarlos. Parecían muy entusiastas, casi emocionados.

 

—¿Qué grupo? ¿De qué clase? —insistió Ren.

 

—Son miembros del Club de Cosplay.

 

Se hizo un silencio absoluto.

 

Miyu parpadeó una vez, como si no hubiera entendido bien.

 

Ren se quedó inmóvil, con las gafas medio deslizadas por la nariz.

 

Kaede sintió que un escalofrío le recorría la espalda, como si acabara de escuchar que se había metido en un nido de dragones.

 

—¿Del Club de Cosplay? —repitió Kaede, despacio y con voz temblorosa.

 

—Exacto —confirmó Shiori, sin ver nada extraño en la situación—. Le dijeron que necesitaban urgentemente a alguien con su presencia, su altura y sus rasgos. Algo así como que era "la modelo perfecta" que estaban buscando desde hace años.

 

Ahora sí.

 

Los tres se quedaron completamente paralizados, como si les hubieran dado un golpe seco en la cabeza.

 

Miyu fue la primera en reaccionar, girando sobre sus talones para empezar a caminar a toda prisa.

 

—¡Tenemos que ir a rescatarla ya mismo!

 

—Antes de que sea demasiado tarde —añadió Ren, siguiéndola de inmediato.

 

Kaede ya iba delante, acelerando el paso.

 

—Conociéndola, seguro que aceptó sin dudarlo pensando que era algún tipo de entrenamiento especial, una misión escolar o una prueba de adaptación.

 

Shiori se quedó un momento en el pasillo, mirándolos marchar con una expresión de ligera confusión. Inclinó la cabeza suavemente.

 

—¿No es una actividad normal?

 

Los tres se detuvieron en seco, se giraron y respondieron al unísono con tono de alarma:

 

—¡¡NO!!

 

Y sin perder ni un segundo más, echaron a correr por el pasillo hacia el ala más alejada del edificio, donde estaban las salas de los clubes.

 

Mientras tanto, en el otro extremo de la escuela, en una sala amplia llena de estanterías, espejos y percheros cubiertos de telas de todos los colores, texturas y diseños posibles...

 

Lilia estaba de pie en el centro, observando con absoluta seriedad cómo los miembros del Club de Cosplay colocaban frente a ella toda una colección de vestidos, uniformes, capas, joyas y accesorios que parecían salir de mil mundos distintos.

 

El ambiente estaba lleno de energía: risas, comentarios entusiastas, manos que señalaban telas y miradas brillantes de emoción.

 

Una de las chicas, la presidenta del club, se acercó sosteniendo entre sus manos un traje de estilo elegante y delicado, con encajes y cintas que brillaban bajo la luz de las lámparas. Lo levantó con mucho cuidado, con los ojos muy abiertos de ilusión.

 

—¡Este! ¡Tienes que probarte este primero! Es el diseño más complejo y hermoso que tenemos, y estoy segura de que te quedará perfecto.

 

Lilia inclinó ligeramente la cabeza, mirando la prenda con atención, analizando sus costuras, su estructura y su resistencia. Luego volvió la mirada hacia la chica.

 

—¿Se trata de una misión importante para la escuela? ¿O es una prueba de habilidad para aprender a usar ropa de diseño especial?

 

La presidenta asintió con tono muy solemne, sin dudarlo ni un segundo.

 

—¡Es la misión más importante del año! ¡Nuestra mayor oportunidad para brillar!

 

Lilia asintió lentamente, con la misma seriedad con la que aceptaba cualquier orden o tarea.

 

—Entendido. Acepto la asignación.

 

Y sin hacer una sola pregunta más, sin poner ninguna objeción, esperó indicaciones para empezar.

 

Porque, después de todo, todavía estaba aprendiendo cómo funcionaba aquel mundo. Y si le decían que era necesario, entonces lo haría lo mejor posible.

 

Sin imaginarse lo que le esperaba... ni lo que sus amigos encontrarían al llegar.

 

Corrieron por los pasillos sin detenerse, esquivando a otros estudiantes que los miraban extrañados, hasta llegar a la puerta con el cartel que decía

 

CLUB DE ACTIVIDADES CREATIVAS - COSPLAY.

 

Sin dudarlo ni un segundo, empujaron la puerta y entraron de golpe.

 

Empujaron la puerta de golpe, sin siquiera detenerse a tocar ni esperar respuesta, con la intención de sacar a Lilia de cualquier problema en el que se hubiera metido esta vez.

 

—¡¡LILIA, NO TE MUEVAS!! —gritó Miyu al entrar, lista para reclamar.

 

Pero en cuanto cruzaron el umbral, las palabras se les quedaron atascadas en la garganta, y sus pasos se detuvieron en seco como si hubieran chocado contra una pared invisible.

 

Lo que vieron les dejó sin aliento.

 

En el centro de la sala, bajo la luz dorada que entraba por las ventanas, estaba Lilia.

 

Iba vestida con un traje de sirvienta impecable: negro con delantal blanco, encajes en las mangas, el lazo en el cuello y la diadema a juego sobre su cabello rubio recogido en una coleta alta. Se mantenía de pie con su postura habitual, recta y digna, como si ese atuendo fuera una armadura más que acabara de ponerse para una misión. Pero en lugar de darle un aspecto común, la ropa se ajustaba a su figura de una forma que la hacía ver imponente, elegante y deslumbrante, como si en lugar de una estudiante cualquiera estuvieran viendo a una diosa bajada de un cuadro antiguo.

 

El silencio se apoderó de toda la sala.

 

Los miembros del Club de Cosplay estaban alrededor, con la boca abierta, los ojos muy abiertos y sin pestañear, como si sus cerebros se hubieran quedado en modo de reinicio total. Algunos tenían las manos en la cara, otros señalaban sin poder hablar, y otros simplemente se habían desplomado sobre las sillas incapaces de procesar lo que estaban viendo.

 

—Es... es demasiado perfecta... —alcanzó a murmurar la presidenta del club con voz entrecortada—. Hicimos el traje a medida hace años, pero nunca imaginamos que podría quedar así de bien...

 

Mientras tanto, Lilia miraba su propio reflejo en el gran espejo de cuerpo entero, girando un poco el torso de un lado a otro con una expresión seria, evaluando la prenda con la misma minuciosidad que usaba para revisar cualquier equipo de batalla.

 

—¿Está bien...? —alcanzó a preguntar Ren, todavía con las gafas medio caídas por la impresión.

 

Fue Miyu la primera en reaccionar, saliendo de su aturdimiento con un grito que rompió el hechizo.

 

—¡¿PERO QUÉ SE LES OCURRE PONERLE ESO?! —exclamó, acercándose rápidamente con las mejillas sonrojadas—. ¡Ese traje es mío! ¡Me lo hicieron a medida cuando yo era parte del club hace dos años! ¡Se ajustó exactamente a mis medidas y lo conservaban como una prenda especial!

 

Todos se quedaron más asombrados todavía.

 

—¿Tuyo? —repitió Kaede, mirando alternativamente a Miyu y a Lilia, y luego al traje que, aunque hecho para la otra chica, parecía encajar casi perfecto en la nueva estudiante.

 

—¡Exacto! —se quejó Miyu, cruzando los brazos—. ¡Me costó mucho trabajo que lo hicieran así! ¡Y ahora resulta que a ella le queda igual de bien... o incluso mejor! —añadió entre dientes, sintiendo cómo su orgullo de antigua modelo del club recibía un golpe directo y certero.

 

Kaede dio unos pasos más despacio, todavía con la mirada fija en Lilia, y le preguntó con suavidad:

 

—Lilia... ¿estás bien? ¿Te sientes cómoda con eso? No tienes que llevarlo si no quieres.

 

Lilia dejó de mirarse al espejo y se giró hacia ellas con total seriedad, sin mostrar ninguna vergüenza ni incomodidad.

 

—Es una prenda bien confeccionada —respondió, alzando un poco los hombros para probar la movilidad—. No estorba los brazos ni las piernas, la tela es resistente y las costuras son firmes. Me siento cómoda... aunque —hizo una pequeña pausa y bajó la vista hacia el pecho, ajustando con mucho cuidado la parte superior con una mueca de ligera tensión— aprieta un poco en esta zona. Creo que la estructura está diseñada para medidas más pequeñas que las mías. No me impide moverme, pero ejerce una presión constante.

 

Miyu soltó un sonido ahogado, casi un gemido de frustración.

 

—¡Claro que te aprieta ahí! ¡Porque yo no tenía tanto desarrollo cuando me lo hicieron! —gritó, tapándose la cara con las manos—. ¡Esto es una humillación total! ¡Mi propio traje queda mejor en ella que en mí!

 

Kaede tuvo que agarrarse del respaldo de una silla para no reírse, aunque intentaba mantener la compostura. Ren, por su parte, ya había sacado una libreta y estaba tomando notas con cara de análisis:

 

—Interesante. El traje fue diseñado para una altura de 1,65 m y una estructura más delgada, pero al ser de tela elástica y costuras resistentes, soporta bien la diferencia hasta cierto punto. Solo la zona superior alcanza su límite de estiramiento.

 

—¡Deja de analizarlo como si fuera un equipo de laboratorio! —le reclamó Miyu, aunque no podía dejar de mirar a Lilia con una mezcla de admiración y celos—. ¡Y tú, Lilia, quítatelo ya! Esa prenda no estaba hecha para aguantar semejante volumen... ¡se te va a romper en cualquier movimiento!

 

Lilia bajó la vista de nuevo, tocó la tela con la punta de los dedos y calculó mentalmente.

 

—Si no hago movimientos bruscos, la resistencia es suficiente para aguantar otras dos o tres horas sin ceder. He evaluado la tensión de las fibras.

 

—¡Ese no es el punto! —gritaron todos al unísono.

 

Y así, entre la sorpresa, la frustración de Miyu, la curiosidad de los miembros del club que no querían que se lo quitara, y la calma absoluta de Lilia que seguía considerándolo "equipo de trabajo", la situación se volvió mucho más complicada y divertida de lo que nadie había imaginado.

 

La tensión en la sala ya no era solo por la sorpresa o el orgullo herido de Miyu. Todos miraban de reojo la parte superior del traje, como si esperaran que ocurriera algo en cualquier momento.

 

—Te lo digo en serio, Lilia... en cualquier momento... —advirtió Miyu, señalando el vestido con expresión preocupada.

 

Pero no terminó la frase.

 

¡CRACK!

 

El pequeño botón que mantenía cerrada la parte superior del uniforme finalmente cedió. Salió disparado como un proyectil a toda velocidad por el aire.

 

—¿Eh...? —alcanzó a decir Ren antes de que fuera demasiado tarde.

 

¡PLOP!

 

El botón impactó exactamente contra el puente de sus gafas. El golpe fue seco y preciso, y las gafas salieron despedidas girando en el aire. Ren intentó atraparlas por puro reflejo, pero falló por completo. Retrocedió un paso para recuperar el equilibrio, pisó sin querer una caja llena de telas sueltas y perdió el control por completo. Con un movimiento torpe, terminó cayendo de espaldas sobre una enorme montaña de disfraces, pelucas y capas, dejando únicamente sus piernas sobresaliendo y moviéndose en el aire entre el revoltijo de telas.

 

Se hizo un silencio absoluto en toda la sala.

 

...

...

 

Miyu fue la primera en romperlo, estallando en una carcajada sonora que no pudo contener.

 

—¡¡JAJAJAJAJAJA!! —gritó doblándose por la cintura y sujetándose el estómago— ¡¡El traje acaba de derrotar a Ren!!

 

En cuestión de segundos, todos los miembros del Club de Cosplay estallaron en risas, señalando la escena con los ojos brillantes.

 

—¡Ni siquiera fue Lilia quien lo hizo! —comentó uno entre risas.

 

—¡Fue solo un botón! ¡Un simple botón!

 

—¡Jamás había visto un ataque de ropa tan efectivo y preciso!

 

Mientras tanto, Kaede reaccionó mucho antes que nadie. Con las mejillas completamente rojas de la sorpresa y la vergüenza, alargó los brazos y sujetó rápidamente con fuerza la parte superior del uniforme para evitar que se aflojara más y dejara expuesta a Lilia.

 

—¡L-Lilia! ¡No te muevas ni un centímetro! —le pidió con voz temblorosa.

 

Lilia bajó la vista con absoluta tranquilidad, sin mostrar ni un ápice de nerviosismo. Observó primero el botón que había caído al suelo, luego la tela del traje, después a Kaede, y finalmente dijo con la misma voz calmada y seria de siempre:

 

—Como había calculado.

 

Todos la miraron, esperando alguna explicación normal.

 

—La tensión estructural alcanzó su límite máximo de resistencia —añadió sin prisa—. Duró aproximadamente nueve minutos y cuarenta y siete segundos más de lo que estimé al principio.

 

Toda la sala volvió a quedarse en silencio, esta vez por pura incredulidad.

 

Miyu la señaló con un dedo tembloroso, sin saber si enfadarse o seguir riéndose.

 

—¡¿Eso es lo único que tienes para decir después de todo esto?!

 

Lilia inclinó ligeramente la cabeza, confundida por la reacción.

 

—Sí. Es el análisis correcto de la situación.

 

Volvió a mirar el vestido con atención, pasando un dedo con cuidado por una de las costuras.

 

—La confección es buena. Las costuras laterales y de hombro resistieron perfectamente la presión. El material de la tela también es de calidad y no se ha deformado.

 

Finalmente, observó el pequeño hueco donde antes estaba el botón.

 

—El único punto débil fue el sistema de cierre. No estaba diseñado para soportar esa carga.

 

En ese momento, Ren consiguió salir de entre la montaña de disfraces, con el pelo revuelto, una peluca de rizos rubios en la cabeza y las gafas torcidas en la mano. Se las acomodó con dificultad y murmuró asombrado:

 

—Está... está haciendo un análisis técnico completo del vestido...

 

—Como si estuviera revisando una armadura de batalla —añadió Kaede, sosteniendo todavía la ropa y sin saber si reír o llorar.

 

Lilia asintió con total naturalidad.

 

—Su función es similar: proteger la zona del cuerpo y permitir movilidad. Solo cambian los materiales y el propósito.

 

Miyu se llevó ambas manos a la cabeza, sintiendo cómo le empezaba a doler.

 

—¡¡No, no es ni parecido!! ¡Es ropa, no un escudo!

 

Pero la presidenta del Club de Cosplay ya no parecía escuchar nada de lo que decían. Tenía los ojos completamente iluminados, brillando con una emoción casi intensa, y miraba a Lilia como un escultor que acababa de descubrir el bloque de mármol perfecto para su obra maestra. Sacó lentamente una libreta gruesa y un lápiz, y empezó a escribir y dibujar a toda velocidad, casi sin levantar la mano.

 

Ren levantó una ceja, recuperando la compostura poco a poco.

 

—¿Qué está haciendo ahora?

 

La presidenta levantó la vista de golpe, con una expresión de absoluta determinación. Se puso de pie y señaló directamente a Lilia con el lápiz, como si estuviera proclamando un gran descubrimiento.

 

—He tomado una decisión definitiva. ¡Voy a confeccionar un traje diseñado exclusivamente para usted!

 

Se hizo un silencio breve, pero lleno de alarma.

 

Miyu abrió mucho los ojos y negó con la cabeza de inmediato.

 

—...No. Ni hablar.

 

Pero la presidenta continuó hablando sin prestarle atención, enumerando las características con entusiasmo creciente:

 

—Costuras triples reforzadas en todas las uniones.

 

—Tela de alta resistencia elástica.

 

—Botones metálicos de acero inoxidable, con capacidad de soportar hasta tres veces esa presión.

 

—¡¡NO LA ANIMES!! —gritó Miyu desesperada, viendo cómo se le escapaba la situación de las manos.

 

La presidenta sonrió con un brillo casi fanático en los ojos, rodeada por el resto de miembros del club que asentían con la misma emoción.

 

—Después de años buscando... ¡por fin encontré a la modelo perfecta para nuestro club!

 

Lilia inclinó ligeramente la cabeza, procesando la propuesta con su lógica habitual.

 

—¿Se trata de una actividad importante para la escuela? ¿Una tarea oficial?

 

—¡¡SÍ!! —respondieron todos los miembros del club al mismo tiempo, sin dudarlo ni un segundo.

 

Lilia asintió con total seriedad, aceptando la "misión" sin hacer más preguntas.

 

—Entendido. Acepto la asignación.

 

—¡¡NO, NO ESTÁ NADA ENTENDIDO!! —protestó Miyu, dando un paso al frente con los brazos extendidos.

 

Pero ya era demasiado tarde. La presidenta ya estaba dibujando diseños nuevos en su libreta.

 

—Tengo al menos quince ideas diferentes ya en mente.

 

—¡Yo veinte! —gritó otro miembro desde el fondo.

 

—¡Treinta, para ser exactos! —añadió una chica levantando la mano.

 

Miyu sintió cómo le aparecía un tic nervioso en el ojo, mientras Kaede soltaba un largo y profundo suspiro de resignación. Ren cerró su libreta lentamente, guardando sus notas con cara de quien ya preveía todo lo que vendría.

 

Los tres intercambiaron una mirada y llegaron exactamente a la misma conclusión:

 

Habían corrido hasta allí con la intención de rescatar a Lilia de cualquier problema.

 

Y, de alguna forma... habían llegado demasiado tarde.

Thoughts

  • Ovid

    Lilia diciendo que el traje duro nueve minutos y cuarenta y siete segundos mas de lo que estimo, con todo el club en silencio, me hizo reir en voz alta. Me imagino que la presidenta ya tiene los botones de acero encargados y que el 18 va a ser el primer traje que Lilia no consigue romper. Gracias por seguir subiendo la serie!

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  • MarianelaVidal

    Miyu gritando que el traje era suyo y que se lo hicieron a medida hace dos años me dolió más que el botón. Alguien te tomó las medidas una vez y esa versión tuya ya no existe, y eso duele más que la tela. Yo coso en casa y lo veo seguido: la gente trae una prenda y lo que pide que le acomode es el tiempo. Apuesto a que Miyu termina posando de nuevo para el club antes del viernes, aunque diga que ni hablar.

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