El secreto del éxito de Andrew radicaba en su capacidad para estar 100% presente en cada instante. Cuando estaba con Elena, su mente, sus conversaciones y su afecto eran enteramente para ella. Cuando compartía tiempo con Samantha, el mundo exterior desaparecía y se sumergía por completo en la poesía, los sabores dulces y la complicidad de su musa.
Elena continuaba con su carrera brillante en los tribunales, completamente ajena a la existencia de Samantha. No había llamadas sospechosas, ni ausencias injustificadas, ni cambios de humor, ni frialdad en la cama. Andrew no cometía los errores de los infieles descuidados; su conducta era impecable porque consideraba que el respeto hacia el bienestar emocional de su esposa era el cimiento fundamental de su hogar.