Antes del cielo, no había cielo.
Antes de la tierra, no había tierra.
Antes de las estrellas, de los mares, de las montañas y de todo aquello que algún día tendría un nombre... no existía un mundo que pudiera ser contemplado.
No había amanecer.
No había noche.
No había arriba ni abajo.
Ni siquiera existía el tiempo para contar cuánto había durado aquel silencio.
Solo había **Caos**.
Pero Caos no era oscuridad.
La oscuridad necesita un lugar donde existir.
Y allí todavía no había lugares.
No era un monstruo esperando en las sombras.
No era un dios sentado sobre un trono.
No tenía corona, rostro ni forma conocida.
Era algo mucho más antiguo.
Un vacío primordial.
Una abertura inmensa, imposible de medir, donde las cosas todavía no habían comenzado a separarse unas de otras.
Todo permanecía sin forma.
Sin orden.
Sin límites.
Era como contemplar una historia antes de que alguien hubiera escrito la primera palabra.
Y, aun así...
algo estaba a punto de comenzar.
En aquella inmensidad apareció una presencia distinta.
No llegó desde ninguna parte.
No descendió de los cielos.
Simplemente **existió**.
La primera tierra.
**Gea.**
Y con ella, el vacío comenzó lentamente a dejar de ser solamente vacío.
Pero Caos permaneció.
Silencioso.
Como el recuerdo de un universo que todavía no había nacido.
Y quizá esa era la parte más extraña de todo:
Caos no necesitaba crear nada.
Su existencia había sido suficiente para que el comienzo fuera posible.
Porque antes de que hubiera dioses que pudieran luchar, amar, reinar o destruir...
antes de que existieran los Titanes...
antes incluso de que alguien pudiera pronunciar la palabra *mundo*...
había una inmensa abertura esperando ser llenada.
**Caos.**
E
l principio de una historia que todavía no sabía que iba a convertirse en una leyenda.