CANTO A PALESTINA
Tierra de los cananeos y los amontas.
En la tierra de los olivos,
sandías, dátiles e higos,
el eco del pasado se siente pesado.
Ríos de lágrimas secas recorren la tierra,
mientras sombras de muerte
cubren el sol o la luna, en escenas de destrucción
transmitidas en vivo.
Noches oscuras, silenciosas y aterradoras,
solo el brillo de los misiles resplandece,
el silencio se rompe con el sonido del bombardeo.
Cómo un golpe brutal rompe la noche,
y no hay tiempo para despedidas.
Las calles destruidas,
vestigios de lo que fue,
susurran historias de sueños quebrados,
bajo las balas que, como lluvia, caen,
y la esperanza se convierte en ceniza.
Los niños juegan en un mundo de escombros,
su risa se mezcla con el llanto eterno.
Pintan en las paredes los colores del miedo,
sus pequeños corazones
tratan de huir del horror.
La vida se aferra en cada rincón.
Pueblo valiente, digno y resiliente.
Quema el cielo con su fuego despiadado,
el grito sagrado de un pueblo agredido.
Al llanto no me resisto, me siento impotente
y me colman los pesares cuando arrasan los lugares
de las prédicas de Cristo.
Es terrible lo que vemos por TV
o nuestros telefonos celulares.
Tierra herida por un genocida.
Mientras el mundo observa con ojos cerrados,
las fronteras del sufrimiento se tornan difusas.
Las raíces de la tierra amasan dolor,
destrucción y muerte.
Los niños palestinos mueren
En una cámara colectiva de tortura:
Gaza.
Fuego y destrucción marcan el paisaje,
un lienzo de tristeza donde la vida quebranta.
Los ecos de los mártires aúllan en el viento,
su memoria es el estandarte de resistencia.
Mezquitas e iglesias convertidas en teatros
de burlas por el soldado agresor.
No solo matan con bombas y balas,
también matan por sed y hambre.
La resistencia se teje con hilos de esperanza,
y en cada unión, renace una voz.
Mientras el sádico genocida
toma una copa de Tubi 60 en su mando.
Territorio sagrado, jamás olvidado,
tejiendo sueños de paz en la tormenta.
Pasos firmes avanzan en la sombra,
tras cada sombra hay un nuevo amanecer.
La historia sigue su curso entre ruinas,
cuerpos, pero no almas, ciertas de lucha.
Una tierra herida que aún se levanta,
empuñndo las armas en manos "Hamas".
Aunque el miedo quiera acallar su canto,
la fuerza de un pueblo no conoce el silencio.
Versos de luchas y esperanzas
renacen en Palestina.
No necesitas ser árabe
para apoyar a Palestina,
solo necesitas ser humano.
La historia no perdonará a los agresores
genocidas,
tampoco a los indiferentes o indolentes.
No sé cómo ni cuando,
pero Palestina, vencerá...
Luis Ernesto Parra Nava.
Maracaibo, 08/05/2025
Accede a la canción, basada en esta composición, a través de los siguientes enlaces:
https://vkvideo.ru/video-231361250_456239032