Aprieto los dientes,
me trago el dolor,
disfrazo de calma
lo que grita mi interior.
Me muerdo la lengua,
me obligo a callar,
porque hay cosas que duelen
si las llego a nombrar.
Y aprieto más fuerte,
por no discutir,
por miedo a las cosas
que pueda decir.
Que tengo mil gritos
viviendo en mi pecho,
palabras que callo,
reproches deshechos.
Y quisiera decirte
lo que me provocás,
pero temo que escuches
lo que no entenderás.
Entonces me callo,
me obligo a ceder,
aunque por dentro me quiebre
lo que no llego a decir.
Y qué triste condena
la de quien, por amar,
se desangra en silencio
por no hacer al otro sangrar.
Porque aprieto los dientes,
me obligo a aguantar,
pero ¿quién me devuelve
lo que pierdo al callar?