Elegía de cinco vocales
A — La casa
Amada, la casa callada, cama gastada, la taza marcada.
La mañana aclara, la lámpara habla, sábana blanca.
Nada.
La casa apagada, amarga mañana, amante fantasma.
E — El recuerdo
Verde breve, presente que duele, me vence el querer.
Me estremece perderte, tenerte y no verte.
El querer se fue, el ayer se pierde, mi ser envejece.
I — Sin ti
Sin ti, mi vivir, mi sufrir.
Mi gris, mi fin, mi insistir.
Sin ti, ni reír, ni huir de mí.
O- El vacío
Todo roto, todo solo.
Somos polvo, somos otros.
Fondo hondo, monótono otoño.
Yo no logro componer lo que somos.
U — El último refugio
Un sur, luz azul.
Un baúl, un tul.
Un "tú" que aún no suelto.
Un rumor, un tumulto mudo.
Las cinco — Lo que queda
Te amé.
Y todavía escribo lo que fuimos, lo que hicimos, lo que nunca supimos que perderíamos.
Cinco vocales para nombrar el mundo.
Cinco vocales y ninguna para desandar el tiempo.
A: la casa. E: el ayer. I: mi fin. O: nosotros. U: tú.
Y entre todas las letras, entre todo lo que existe y todo lo que nombro, permanece una palabra que no consigo recuperar:
nosotros.