Anhelo ir donde la nube guía,
detrás del sol y más allá del cielo,
donde no habite ya la pena mía
ni quede el cuerpo roto por el duelo.
Mirar la senda de la amarga vida,
libre en el seno del inmenso viento,
cerrar por siempre la pasada herida
y la desgracia que apagó mi aliento.
Y dejar la soledad que me envolvía
al ser la lumbre que despacio llega,
encender la claridad que habita el día,
para teñir la nube que navega.