¿Qué es lo que has hecho?
Sientes repulsión al ver tu rostro reflejado al otro lado.
Te has traicionado a ti misma y a Dios.
Te ahogas sintiendo cómo la culpa amarga tu corazón y hace pedazos tu conciencia.
¿Cómo has podido?
Tu osadía terminó por hundirte.
No pensaste en las consecuencias.
Quizás ya ni siquiera tienes perdón divino ni humano.
Cierras los ojos y dejas caer tus lágrimas. Al otro lado del espejo, tu reflejo llora junto a ti.