La mente es como un taller: cuando aparecen pensamientos negativos, no se trata de pelear con ellos, sino de convencerla de que trabaje a tu favor.
Primero la alineas, luego el corazón se abre y el cuerpo acompaña.
Ahí la energía deja de ser resistencia y se convierte en impulso. Convencer a la mente es encender el motor del alma.