Sucede que me canso de ser hombre,
de la tensión que recibo por todos lados,
de la voz que grita, aturde, se rompe
dentro del tronco seco que llamo pecho.
De que me juzguen por como me veo,
si un ser exitoso o uno fracasado.
De juzgarme frente a un espejo
y querer romperlo.
Liberar ese espectro.
O del reflejo que me trae el mar
entre la espuma y el oleaje
queriendo hundirme o fundirme
abrazando algas,besando caracolas,
jugando entre cangrejos y aguas vivas.
Frío sobre la cálida arena.
Me canso y sucede
que entre la multitud abro mi boca
por la bruma empapada
y vuelven mis palabras como un boomerang.
¿Hay alguien ahí?
Y el eco.
¿Hay alguien ahí?
¿Alguien ahí? ¿Ahí?
Y ahí, justo ahí, no hay nadie.
Solo el aleteo de murciélagos que se anidan en mi alma.
Son las palabras humanas
como plumas que se balancean en el vacío,
siendo arrastradas por la tiránica sustancia que retiene el suelo
y tan pronto como salen, llegan y son olvidadas.
El vacío es la vida
la sustancia el recuerdo
y el suelo
Solo me queda éste instante
en el que tengo sueños de pájaros rapaces.
Observo mi cuero cabelludo en mi vuelo,
esponjoso, brillante,
fácilmente desgarrable.
Y todos esos cuadernos
que liberan aromas de árboles muertos
y todas esas biromes como gusanos
que se comen las palabras.
Me canso, me canso
de ser amarrado por mis extremidades
y que me torturen de un tirón
por tantas ideologías, todas cuestionables.
De ver/sentir como todos se estiran
se alejan
entre cuerdas y sogas
rompiéndose por fuera
conservando algo por dentro
mientras…
Que cada uno diga soy, soy,
soy esto y lo otro
y que existir no sea suficiente.
Me canso de ser hombre
de ser humano
me canso de ser algo.
Solo quiero un descanso de piedras o de lana
bajo un sol de verano
desnudo y soberano
sin palabras, sin boca
siendo nada.