Mi mirada se estrella contra la lluvia,
gotas que plantan nostalgia,
día sin parabrisas, parálisis de las sonrisas,
noche con faroles abrazando la niebla.
Secuestra con ternura mi vista,
me tiemblan las manos ante las dudas,
suspiros perdidos entre la bruma y penumbras,
ya no se si es una hora nocturna.
Solo hay iluminación artificial
y su reflejo entre los charcos de la vida,
sombras escondiéndose tras los faros de la plaza,
niños jugando con inocencia y sin prisa.
Retumba el eco en los charcos,
recorre sensualmente la lluvia por mi rostro,
caricia que se entibia desde el cielo,
nubes el telón de un sentimiento acromático.