A veces cuando hablamos de "paz", la palabra nos queda un poco grande. Nos vienen a la mente tratados firmados, discursos muy elaborados o fechas que memorizábamos. Pero la verdadera paz, la del día a día, no nace en un despacho oficial.
Ahí es donde la educación para la paz entra. Hablo de aprender a pausar antes de reaccionar, escuchar a alguien aunque piense diferente, y resolver los roces cotidianos sin pasar por encima de nadie.
Muy en el fondo, educar para la paz es aprender a convivir. Es darnos cuenta de que la forma en que tratamos a los demás en el trabajo, en la calle o en redes sociales también construye el mundo en el que vivimos. No se trata de no tener problemas, sino de saber qué hacemos cuando aparecen.
Me quedo pensando mucho en esto últimamente y nos encantaría leerte ¿Tú cómo practicarías la educación para la paz?
Atte.: Isis y Arianne.