Viejo Maravilla
20 años conociéndote y nunca llegué a escuchar tu nombre. David tu hijo con etiqueta de esquizofrenia y retraso mental también te decía Maravilla, que no se si tu apellido o pseudónimo serían.
Encorvado, con zapatos rotos, pantalones antiguos y camisas casi desvanecidas y malolientes, del joven gerente y escritor elocuente ya solo quedaba un viejo pica maleza, albañil y barrendero, el más sabio quizás conocido, el más noble jamás visto. Con sacos al costado y machete en mano enseñaste tu oficio al siempre maltratado y burlado por todos, David.
Aun con ganas de vivir y reír, se te veía cansado y dolorido pidiendo luego de la más ardua jornada bajo 40 grados Celsius, medicina y café a tu mejor amiga, Amira Patrón de Chadid, mi abuela, quien te cuidaba con especial dulzura pues a su tío fallecido te parecías.
Maravilla bajo las aceras calientes, te sentabas a reposar y a nuestra casa te invitábamos a entrar. Qué especial árbol de mango que tus cálculos e historias aún deben en él resonar.
Cuando mi abuela decidió ir con mi madre a su país de origen, Colombia, supiste que no regresarían jamás. Ella ahora con los estragos del Alzheimer y tú muerto en medio de tanta pobreza y miseria en Venezuela.
Vivir hasta que tu hijo muriera deseabas, para llorar su pérdida fatal, pero a cambio de no dejarlo solo sin su padre en éste tan hostil mundo material. Tu cuerpo viejo, deteriorado, desnutrido, entumecido, enfermo y desgastado no soportó el más delicado paso de una simple gripe, y ¿Cómo iba hacerlo? Si dejabas de comer para a tu hijo darle el poco alimento que conseguías, porque sus medicinas el estomago le encendían.
¿Quién dice que solo una madre da tanto por un hijo? Si tú, simple menesteroso hombre octogenario diste hasta el último bocado para cubrirle el 0,01 por ciento de su hambre.
David, ahora solo se encuentra, en la pequeña cueva donde compartió los interminables días de cansancio, hambre e insomnio al lado de Maravilla.
Mi abuela pregunta por ti, sin saber que tu muerte inminente llegó antes de que su mente actual olvidara donde te conoció.
Tal vez te halles en un mundo blanco, de ser así, intenta escuchar y siente el llanto de tu hijo para que te guie a su cueva y le toques el corazón, haciéndole percibir que ahora es él quien debe vivir por sí mismo, con el recuerdo de que un día, fueron dos.
Cristina López Chadid