Abro la ventana, pongo el cartelito y ahí empieza el día. Tengo clientes fijos que ya ni piden, les paso la bolsa y listo.
Me equivoco con el vuelto, se me queman algunas, y igual vuelven. Así soy.
Pregunten lo que quieran: el repulgue, cuál se vende más, qué hago con las que sobran, cómo se aguanta el olor a fritura en toda la casa.